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«Actuamos en las sombras, para servir a la luz. Somos Asesinos.»
―Lema de la Orden de los Asesinos[fte]
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La Hermandad de los Asesinos, también conocida como la Orden de los Asesinos, los Ocultos durante sus primeros años y la Hashshashin durante las Cruzadas, era una Orden organizada de asesinos y enemigos jurados de la Orden Templaria, contra la cual libraron una guerra continua y recóndita en todo el mundo, interviniendo en la totalidad de la historia humana registrada.

Mientras que los Templarios tratan de salvar a la humanidad de sí misma mediante el control del libre albedrío, la Orden de los Asesinos lucha para garantizar la supervivencia de la libertad, ya que permite la progresión de nuevas ideas y el crecimiento de la individualidad. Los Asesinos también se han convertido recientemente en enemigos de los Instrumentos de la Primera Voluntad, un culto empeñado en restablecer el dominio absoluto de los Isu sobre la humanidad.

Los Asesinos, si no la Orden en sí, han existido desde al menos el 456 a.e.c, a lo largo del Imperio Romano, la Edad Media, el Renacimiento, la Revolución Industrial y en la era moderna.


Historia

Artículo principal: Historia de los Asesinos

Aunque la orden como tal solo lleva existiendo unos pocos de siglos, lo cierto es que los primeros asesinos aparecieron alrededor de hace 77.000 años. Los dos primeros protoasesinos fueron Adán y Eva, dos humanos que se rebelaron contra el control de los Isu. Otros descendientes de los Isu lucharon por el libre albedrío y la libertad, estableciéndose así como los antecesores de la Hermandad.[1]

El primer uso de una hoja oculta (arma emblema de los Asesinos) es atribuido a Darío, que uso la cuchilla para asesinar al Rey Jerjes I de Persia en el 465 a.C.[2] La cuchilla se fue heredando entre los descendientes de Darío hasta que Aya la usó a mediados del siglo I a.C. para vengar la muerte de su hijo Khemu a manos de una orden prototemplaria conocida como Orden de los Antiguos. Junto a su marido Bayek de Siwa, fundaron los Ocultos, la primera encarnación de la Hermandad que ya tenía ciertos puntos en común con la Orden actual. Además, esta primera encarnación ya metió bastante mano en la política, pues fue culpable de las muertes de Julio César y Cleopatra.[3]

Mentor's keeper 12

Altaïr y Al Mualim conversan.

Con el tiempo, la Orden se fue extendiendo por el globo terráqueo. Fue en la actual Siria dónde la Hermandad levantina comenzó a llamarse a sí mismos Asesinos y establecieron su fortaleza en Masyaf.[4] A finales del siglo XII, el entonces Mentor Al Mualim enloqueció de poder y llegó a aliarse con los Templarios para conseguir el Fruto del Edén. Altaïr Ibn-La'Ahad, Maestro de la Orden levantina, consiguió acabar con la vida de Al Mualim, ocupando el cargo de Mentor y llevando a la Hermandad a un período de grandes reformas que establecerían la filosofía actual de la Orden. En este periodo se escribiría el Códice de Altaïr Ibn-La'Ahad, el libro que marcaría a las generaciones futuras de Asesinos.[5]

La Hermandad siguió con sus acciones a lo largo de los años, frenando las invasiones por parte de los Kanes mongoles en Asia en el siglo XII,[4] intentando erradicar a los Templarios atacando su base en Francia a principios del siglo XIV[6] y posteriormente trabajando junto al Reino de Francia en la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra, dominada por el Rito Templario británico.[7]

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Ezio Auditore da Firenze en Constantinopla, 1511.

Otra etapa de esplendor de la Hermandad comenzó a finales del siglo XV, con el auge de la Hermandad italiana de Asesinos liderada por Ezio Auditore da Firenze. Bajo su mandato, la Hermandad consiguió acabar con un gran números de Templarios italianos, incluyendo al Papa Alejandro VI y su hijo César.[5]

Pero las contribuciones de Ezio no se limitaron a las fronteras italianas, sino que también ayudó a la Hermandad española a enfrentarse a la Inquisición liderada por el Templario Tomás de Torquemada[8], al Mentor egipcio Iskender, al levantino Mujir, a la Hermandad otomana en su lucha contra los bizantinos[9] y entrenó a la que se convertiría en Mentora china, Shao Jun[10]

El siglo XVIII comenzó mal para los Asesinos. A pesar de haber conseguido encontrar la localización del Observatorio y haber acabado con el Rito caribeño de los Templarios gracias a Edward Kenway,[11] la Hermandad situada en Londres caería años después, lo que supuso que la ciudad pasó a manos Templarias durante los siguientes cien años.[12] Además, en el Atlántico Norte, Shay Patrick Cormac traicionó a la Hermandad colonial, lo que desencadenó en el exterminio de los Asesinos en las Trece Colonias y la caída de una Caja Precursora y el Manuscrito Voynich en manos Templarias.[13]

Sin embargo, al final de siglo las tornas se invertirían. La Hermandad colonial conseguiría recuperarse a través de Connor Kenway, que contribuiría a la Independencia estadounidense de Reino Unido.[14] En Francia, la Hermandad francesa se vería involucrada de lleno en la Revolución francesa, con el Asesino Arno Dorian aprovechando para eliminar completamente al Rito francés.[15]

A finales del siglo XIX, los Asesinos consiguieron recuperar su posición en Londres a través de los hermanos Jacob e Evie Frye, que acabaron con las operaciones templarias que abarcaban todos los sectores de la sociedad londinense.[12] Mientras tanto, la Hermandad rusa se vio en una lucha por la obtención del Cetro Imperial Ruso con el zar Alejandro III, lo que desencadenó en la destrucción del Cetro en Tunguska.[16]

Con las distintas guerras y revoluciones que asolaron al mundo en la primera mitad del siglo XX, la Hermandad tuvo además presencias en la Primera Guerra Mundial,[17] la Revolución rusa,[16] y la guerra civil española.[18] Las acciones de los Asesinos continuaron durante la Segunda Guerra Mundial y el resto del siglo XX, siendo las más relevantes aquellas llevadas a cabo por Boris Pash: el Experimento Filadelfia[19] y las operaciones encubiertas de la Unidad Bloodstone.[20] Los Asesinos se vieron fuertemente involucrados en el asesinato de John F. Kennedy.[20]

Para finales del siglo XX, todo el peso del liderazgo de la Hermandad cayó sobre una única figura, El Mentor. El Mentor se convirtió en un mito de la Hermandad, siendo un líder desde las sombras de la que los Asesinos solo conocían historias. Fue en este tiempo que los Asesinos dejaron de usar los asesinatos en público para tomar un enfoque más discreto basado en la subversión de los regímenes.[16]

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Daniel asesinando a El Mentor

Sin embargo, la situación cambiaría cuando en el año 2000, un Asesino llamado Daniel Cross, asesinó a El Mentor en Dubái. Cross, que había sido manipulado por los Templarios para asesinar al líder de la Hermandad en cuanto tuviera ocasión, volvió a Industrias Abstergo, el único sitio donde sabía que le iban a recibir con los brazos abiertos. A través de la información de localizaciones y miembros que Cross había recopilado durante muchos años, los Templarios comenzaron con la conocida como Gran Purga, que acabó con un gran número de miembros de la Hermandad.[16]

Además, Industrias Abstergo había dado comienzo al Proyecto Animus a finales del siglo XX, con el que intentaban encontrar los distintos Fragmentos del Edén a través de revivir las memorias de los antepasados de distintos Asesinos capturados. En 2011, Clay Kaczmarek intentó infiltrarse en este proyecto para obtener información de lo que estaban haciendo. La idea era sacar toda la información posible y escapar de vuelta a los Asesinos junto a Lucy Stillman, la Asesina infiltrada como asistenta del director Warren Vidic. Sin embargo, Lucy había desertado a los Templarios y no le permitió irse. Añadido a las consecuencias mentales del efecto sangrado, Clay se quitó la vida, no sin antes dejar mensajes ocultos para su sucesor en el proyecto.[5]

Su sucesor fue Desmond Miles que, además de ser el hijo del entonces Mentor William Miles, tenía un gran porcentaje de ADN Isu. Desmond revivió las memorias de Altaïr y Ezio, siendo engañado por Lucy para que le ayudara a encontrar el Fruto para entregárselo a los Templarios. Sin embargo, al entrar en contacto con el Fruto encontrado en las memorias de Ezio en la Cámara del Coliseo, Juno reveló la verdadera alianza de Lucy a Desmond, que la asesinó.[21]

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Desmond sacrificándose

Desmond, junto al resto de su equipo formado por Rebecca Crane, Shaun Hastings y su padre, descubrieron que una segunda llamarada solar, similar a la de la Catástrofe de Toba, iba a exterminar toda la vida en la Tierra si no se hacía algo al respecto. Desmond, decidido a salvar la Tierra a costa de dejar a Juno libre, sacrificó su propia vida activando el Ojo. Juno quedo libre y William, incapaz de asumir la pérdida de su hijo, dejó la Hermandad.[14]

Durante los siguientes años, los Asesinos siguieron combatiendo a Industrias Abstergo, infiltrándose a través de un Analista de Abstergo Entertainment en el Proyecto Muestra 17[11] y sirviéndose la ayuda del grupo de hackers conocido como los Iniciados para usar revivir las memorias de Arno Dorian y los hermanos Frye en la búsqueda de un Sabio[15] y de un Sudario del Edén[12] respectivamente.

En 2017, la Hermandad reclutó a Layla Hassan, una investigadora que había desertado de Abstergo. Layla había estado reviviendo las memorias de Bayek y vió la creación de los Ocultos.[3] Layla se volvió un miembro importante para la Hermandad y, poco después, comenzó a revivir las memorias de Kassandra, lo que le llevo a la obtención del Cetro del Edén de Hermes Trismegisto y la localización de la ciudad Isu Atlántida.[22]

El Credo

«Laa shay'a waqi'un Mutlaq bala kul'un mumkin.»
―("Nada es Verdad,todo está Permitido" en árabe)[fte]
La Orden cree en un sólido conjunto de valores que rigen estrictamente su forma de vida, conocida como "El Credo". Este Credo consta de tres principios:

1. Mantén tu Hoja fuera de la carne de un inocente.
2. Esconderse a la vista, ser uno con la multitud.
3. Nunca comprometer a la Hermandad.

Estos principios impregnaron todos los aspectos de la vida cotidiana de los Asesinos, así como su lucha por la "paz en todas las cosas". Los Asesinos llevan a cabo sus deberes a través de asesinatos políticos y estratégicos, con la esperanza de que matar a un individuo conduzca a la salvación de miles. También creen que luchan en nombre de aquellos que no poseen las habilidades, los recursos o el conocimiento para hablar contra aquellos que abusan de su poder.

Ideales y metas

Escepticismo

A lo largo de su larga existencia, la Orden de los Asesinos se ha opuesto tanto a los tiranos como a los opresores, la Orden se enorgullece de ser un "campeón de los pobres" y oprimidos, asumiendo ideales como igualdad y libertad y otros principios asociados con los derechos humanos. Aunque estos principios pueden alentar la opinión de que los Asesinos son, como sus enemigos jurados los Templarios, fundados en un conjunto distinto de ideales, en sus raíces, la filosofía de los Asesinos no se basa en el idealismo, sino en el racionalismo y epistemología, con el único punto de vista de que antes de idear un código específico de ética o sistema de creencias, uno debe primero acercarse al mundo desde un punto de vista principalmente científico, no atemperado por prejuicios o productos subjetivos como la moral o la fe. Para un Asesino, el conocimiento debe obtenerse ante todo a través del razonamiento objetivo estricto, pero este método se ve interrumpido por la dependencia fundamental de cada individuo en sus propios sentidos para adquirir información. Estos sentidos pueden engañarse en cierta medida, o de lo contrario nunca transmitirán la calidad intrínseca precisa de un objeto. En consecuencia, se vuelven poco confiables, con el resultado final de que la objetividad "verdadera" o "plena" es, como argumentó Altaïr, inalcanzable. La teoría que impulsa el Credo de los Asesinos es que "uno solo puede saber que uno no sabe nada", una desventaja corroborada por la Isu, Juno, quien lo citó como un defecto de los humanos.

De este escepticismo surge la máxima de los Asesinos de que "nada es verdad, todo está permitido", una afirmación relativista diseñada para dar respuesta a las convicciones enormemente dispares sobre la solución perfecta para los males de la humanidad: que no hay Verdad ni intento de aplicación de un ideal singular a escala universal es ante todo poco realista. La moderación es, por lo tanto, un principio inherente de los Asesinos, que rechazan el extremismo como destructivo para la sociedad. Tratar una creencia como absoluta es no solo someterse a la irracionalidad de la fe ciega, sino también nublarse desde las perspectivas de los inevitables disidentes. Estas perspectivas siempre deben tenerse en cuenta, no solo en la perspectiva de la sociedad y la vida, sino también en aspectos del trabajo, que se manifiesta en el énfasis de los Asesinos en la precisión y el sigilo, y ha sido mencionado por Asesinos como Altaïr y Pierre Bellec como "variables".

El segundo componente del Credo, "todo está permitido" es una extensión de este principio de incertidumbre. Debido a que la cantidad de variables es infinita, se deduce que, teóricamente, cualquier cosa dentro de la naturaleza es posible, mientras no haya una respuesta absoluta a cualquier consulta, no se puede determinar ninguna imposibilidad. Por lo tanto, uno debe permanecer vigilantemente abierto a lo inesperado y desconocido, llegando a una conclusión sin dejar de ser consciente de la verosimilitud del error de esa conclusión. Más allá de ser un vaso adicional para el pluralismo, a los Asesinos se les enseña a estar atentos a las pretensiones y a su propia capacidad para lograr grandes sueños o una gran destrucción. En esencia, este corolario les obliga a asumir la responsabilidad de sus acciones hacia uno mismo y hacia la sociedad en general.

Aunque la máxima como un todo es realmente descriptiva, no normativa, sirve como el umbral en el ethos de los Asesinos, donde la razón, no la divinidad o la sociedad, es la fuente de orientación; se desalienta el dogmatismo por su potencial para generar prejuicios y la violencia, y la diversidad de pensamiento se respetan como el conducto más cercano para alcanzar la verdad.

Según Haytham Kenway, la Orden de los Templarios "nació de la comprensión" de que la humanidad es fundamentalmente corrupta, lo que exige un control extenuante para guiarla hacia la paz. Desde la perspectiva de los Asesinos, su Hermandad nació de la "realización" de que, para ser sabio, uno debe primero liberar la mente de la suposición de haber adquirido el conocimiento verdadero.

Liberalismo

Aunque la filosofía de los Asesinos comienza con una evaluación puramente empírica de la vida que aparentemente roza el nihilismo, su Orden es profundamente idealista, con un profundo sentimiento por los principios de justicia social, humanitarismo, igualitarismo y libertad.

Se menciona que los Asesinos justifican el perspectivismo con la visión de que es lógico y realista, pero se refuerza aún más éticamente por su ferviente creencia en la "santidad de la vida" y en la humanidad de cada individuo. Esto, junto con el relativismo moral, son los motivos que guían su apoyo a la diversidad cultural y al libre albedrío. Los Asesinos perciben las normas y convenciones sociales como estructuras artificiales que pueden obstaculizar la propia parcialidad y generar prejuicios. Estos límites falsos incluyen, pero no se limitan a, fronteras nacionales, género, etnia, clase social y raza. Como resultado, los Asesinos se oponen a la discriminación de prácticamente todos los tipos, siendo el abuso físico y la esclavitud especialmente aborrecibles.

Metas y motivaciones

A la luz de su antipatía por el autoritarismo, los Asesinos a lo largo de la historia han luchado bajo la bandera de la liberación de los pueblos oprimidos. A pesar de esto, la libertad no estaba en el corazón de sus ambiciones en un principio, sino en la paz. Los Asesinos aspiran al establecimiento de la prosperidad y la armonía global, la génesis de lo que esencialmente equivale a una utopía. En esto, comparten con los Templarios un deseo sincero de resolver el caos que asola a la humanidad. Sus visiones incompatibles de los medios por los cuales se podría lograr tal utopía desmantelaron este espíritu común. A diferencia de los Templarios, que condenan a la humanidad como irremediablemente de mente débil y corrupta, los Asesinos defienden la fe, incluso el amor, en la humanidad como uno de sus ideales centrales. Su Credo fundamentalmente escéptico no justifica la actitud derrotista que es el sello distintivo de la ideología Templaria, ni respalda la idea de que un solo grupo pueda ser lo suficientemente sabio como para imprimir una forma correcta de vida o creencia para la gente en general. En consecuencia, desprecian la noción de que un atajo hacia la paz universal, especialmente en forma de esclavización global o control elitista, podría ser una solución adecuada para los males de la sociedad. En su lugar, argumentan que se debe permitir que la humanidad experimente el lento y arduo viaje de desarrollar tolerancia para sus innumerables diferencias, un proceso ridiculizado como irreal e imposible por los Templarios.

En opinión de los Asesinos, la paz es un producto de la educación, no de la fuerza, y esto solo es posible sin el estricto control sobre la información y la sociedad que defienden a los autoritarios. Por esta razón, y debido a la reforma de la Orden de Altaïr y su enfoque en el libre albedrío, los Asesinos se han identificado con los ideales de libertad a lo largo de los siglos, en la medida en que durante la Revolución Americana, muchos Templarios, especialmente el Gran Maestro Haytham Kenway, dijeron que los Asesinos habían abandonado su objetivo de paz en favor de la libertad como un fin, incluso acusándolos de anarquistas, aunque los Asesinos apoyen la democracia, el orden y el gobierno.

Irónicamente, a pesar de la visión optimista de los Asesinos de la humanidad como un todo, no siempre conservan la misma fe para los adversarios de los derechos humanos. Esta es la fuerza guía detrás de sus operaciones, de los cuales los asesinatos tienen primacía. Altaïr no pudo evitar dudar de la eficacia de la persuasión, lamentando que muchos abusadores estuvieran demasiado cimentados en sus formas de ser redimidos a través del diálogo. Haciéndose eco del sentimiento de Altaïr, Rebecca Crane le explicó una vez a Desmond Miles que a veces "no hay otra manera". Para proteger las vidas de los inocentes, los Asesinos creían que, de manera realista, una resolución ideal y noble no siempre era posible (es decir, uno tendría que matar a un perpetrador para salvar a un inocente). Para muchos miembros, la compasión ha sido una motivación clave que paradójicamente se ha traducido en objetivos que a menudo giran en torno al asesinato. Quizás de manera más crítica, la justicia social es un tema unificador entre los Asesinos, y en esta capacidad, sirven como una fuerza reaccionaria contra la percepción de opresión, tiranía y abusos contra la humanidad, convirtiéndose en los enemigos mortales de los Templarios.

Paradojas y conceptos erróneos

Para los laicos y especialmente para los Templarios, el Credo se toma a menudo literalmente como una propagación del nihilismo, el anarquismo y la autogratificación. El pirata Edward Kenway, antes de ser incluido en la Orden de los Asesinos, era un excelente ejemplo de esto, malinterpretando el Credo como una sugerencia de "perseguir cada deseo". El templario James Wardrop, en sus últimas palabras a Shay Cormac, se lamentó que "si todo está permitido, nada es seguro", lo que implicaba que la máxima es un llamado al hedonismo desenfrenado. Incluso la mujer académica Sofía Sartor era propensa a comentar sobre el "cinismo" del Credo al oírlo citado por primera vez por su futuro esposo, el Mentor Ezio Auditore.

Como Altaïr informó en su códice, no fue un hecho poco común que las personas recientemente expuestas al Credo fueran asaltadas por la inmoralidad o enloquecidas por la desintegración de un sentido de seguridad. Los Asesinos experimentados a menudo se vieron obligados a reprender a sus alumnos o a los de afuera por malinterpretar "todo está permitido" como un mensaje para abolir todo sentido de restricción moral y disciplina.

La devoción de los Asesinos al libre albedrío y su afirmación del relativismo moral pueden, de hecho, provocar preguntas acerca de si ellos y su Credo son nihilistas o anárquicos. Su sistema de creencias liberal, junto con su apoyo a la expresión cultural y la vida, indicaría lo contrario. El Credo mismo, sin embargo, implica que todos los valores carecen de sentido. Surge entonces una contradicción que se puede resumir como "¿por qué los Asesinos se adhieren estrictamente a las creencias mientras afirman que ninguna es verdadera?" Esto puede llevar incluso a más de una acusación de hipocresía si se considera que los Asesinos predicaban la libertad de creencias y aún usaban la violencia para reprimir a quienes rechazan sus propias creencias (de libre albedrío), una acusación de que los Templarios Abu'l Nuqoud y Jubair al Hakim le dijeron a Altaïr con sus últimas palabras.

Mientras que Altaïr en ese momento señaló que no tenía una "respuesta satisfactoria" a esas acusaciones, incluso expresando temor de que "ninguno existe", Ezio Auditore y Edward Kenway dieron una idea de cómo se resuelven estas paradojas.

Al abordar esta paradoja, Ezio explicó que el Credo en sí mismo es más parecido al de una teoría científica, más que a una doctrina en sí misma, y ​​por lo tanto no debe ser seguido ni obedecido, sino meramente entendido. Edward Kenway, después de su inducción a la Orden de los Asesinos, planteó las mismas preguntas al Maestro Ah Tabai. Cuando Ah Tabai le redirigió la pregunta nuevamente hacia él, el ex pirata respondió que "podría ser que esta idea fuera solo el comienzo de la sabiduría, y no su forma final". En otras palabras, el Credo sería un llamado al nihilismo (y de manera implícita los Asesinos hipócritas por no adherirse totalmente a ella) si fuera un dogma mismo. No es, sin embargo, el dogma de los Asesinos, ya que puede decirse que es la introducción científica a un sistema de creencias, que solo formula el marco de una ideología, pero no el complejo completo de ideales en sí mismo. Como tal, aunque "nada es verdad", y todas las creencias y valores morales no se pueden validar desde un punto de vista objetivo, no se sigue que la moral y las creencias se perciban como falsas desde un punto de vista ético. Si bien "todo está permitido" desde una perspectiva naturalista, no se sigue que todo debe ser necesariamente éticamente permisible. Por lo tanto, el Credo es descriptivo, no normativo; no rechaza la noción de que hay una verdad absoluta ni afirma que existe. Los Asesinos consideran el Credo como una exposición a su concepto de sabiduría, en el sentido de que uno debe primero entender los orígenes subjetivos de todas las creencias y valores antes de idear su propia ideología, para permanecer abierto y sin prejuicios, pero la relatividad de las creencias no hace que las creencias sean insignificantes.

Mientras explica por qué el Credo no está destinado a apoyar el nihilismo o el anarquismo, no resuelve la paradoja de que los Asesinos asesinan en nombre de la paz o asesinan a quienes no están de acuerdo con sus propios ideales en nombre del libre albedrío. Altaïr, al tratar de dar una respuesta, sugirió que el Credo incorpora un significado aún más profundo: que las paradojas existen y no son imposibles, o mejor dicho, es porque existen paradojas y no pueden evitarse, que "nada es verdad".

Métodos

Precisión y sigilo

A lo largo de los largos siglos de guerra entre los Asesinos y los Templarios, los miembros de ambas facciones a menudo reflexionaron sobre la similitud de sus objetivos y el contraste entre sus medios. Aun así, era una afirmación frecuente de los Templarios que los métodos de los Asesinos eran idénticos a los suyos en principio: "un mal menor, para un bien mayor". De hecho, los Asesinos cazaban y asesinaban a individuos clave que percibían como seres corruptos o un peligro para la humanidad, y esto se convirtió en uno de sus atributos definitorios. Una distinción crítica, sin embargo, mintió en el estricto principio de que un Asesino debe abstenerse de dañar a un inocente. Como Altaïr reflexionó, los Templarios fueron brutales y carecieron de precisión en sus métodos: quemando libros al por mayor, cometiendo grandes masacres, y en historias posteriores, instigando purgas en todo el país.

En consecuencia, la precisión fue un principio rector detrás de la técnica de los Asesinos y un factor detrás de su enfoque en el sigilo y la discreción. Al reducir el daño colateral y la posibilidad de un conflicto abierto, las víctimas se reducirían al mínimo. Tal táctica alineada con su respeto tradicional por la humanidad y la vida, y en teoría (aunque no siempre en la práctica), los asesinatos debían llevarse a cabo solo en casos de extrema necesidad. Una vez que un objetivo había sido asesinado, se disuadió a los agentes Asesinos de regocijarse con la muerte, y algunos incluso adoptaron la práctica de presentar sus últimos respetos, sin importar cuán vil los consideraran.

Aunque no todos los Asesinos operaban en el nivel de perfeccionismo exhibido por Francesco Vecellio, se esperaba reunir información prodigiosa antes de intentar un asesinato. De lo contrario, podrían producirse errores catastróficos, como el asesinato equivocado por parte de Arno Dorian del aliado de los Templarios Chrétien Lafrenière. Para sus investigaciones, los Asesinos se refirieron a una variedad de medios que incluyen, pero no se limitan a: espionaje, robo de documentos y mezclarse con los locales.

De alguna manera, las reformas de Altaïr promovieron un mayor nivel de sigilo que bajo el mandato de su predecesor, Rashid ad-din Sinan. Anteriormente, era práctica común que los Asesinos Levantinos realizaran asesinatos de alto riesgo, casi suicidas pero a la vez impresionantes en áreas públicas atestadas. Esta táctica se basaba en la conmoción para impresionar el poder a través del miedo en la imaginación pública. Bajo la dirección de Altaïr, los Asesinos se retiraron aún más a las sombras, y este enfoque generalmente se desalentó, sino se abolió por completo, y se levantaron las restricciones a los métodos anteriormente prohibidos, como el veneno. Mientras que algunos miembros estaban molestos por el secreto exigido por la Hermandad, sintiendo que eso obstaculizaba el progreso y la influencia, Altaïr temía los grandes riesgos de la exposición a la sociedad pública. Siempre consciente de que los Asesinos podían ser tildados de locos y destruidos si seguían siendo un objetivo abierto, como se hizo evidente en la Caída de Masyaf ante el Imperio Mongol, Altaïr retiró a la Hermandad aún más al secreto. Por lo tanto, la seguridad fue otra razón para la política de sigilo de los Asesinos.

A pesar de esto, no era desconocido para los Asesinos, incluso después de la Alta Edad Media, recurrir al conflicto abierto, y estas tácticas poco comunes podían ir desde la instigación a disturbios, el empleo de mercenarios o incluso un ataque militar directo a las bases enemigas.

Reformas sociales

En la época de Altaïr, los Asesinos sentían una aprensión marcada por el hecho de que la promoción pública de sus ideales pudieran generar reformas sociales. Como resultado, al principio gran parte de sus actividades giraban solo en torno a la eliminación o el sabotaje de aquellos a quienes creían que amenazaban los derechos de la humanidad. Con su sueño de que la humanidad llega a la utopía a través del libre albedrío, su forma de orientación era a menudo indirecta, con énfasis en el aprendizaje individual a través de la experiencia propia. Por ejemplo, su forma de enseñar a Ezio contra el camino de la venganza implicaba permitirle experimentar ese viaje personalmente.

Con el tiempo, las políticas de la Hermandad evolucionaron y durante el Renacimiento italiano, los Asesinos, bajo la dirección de Ezio Auditore, se volvieron más activos para ganar los corazones del público. Era la convicción de Ezio de que la fuerza de los Asesinos se derivaba de la fuerza de la gente común, un sentimiento inicialmente rechazado por el cínico Mentor Nicolás Maquiavelo. En consecuencia, la campaña de los Asesinos en Roma fue prolífica en la rehabilitación de una ciudad que se derrumba bajo el peso de la corrupción de los Borgia, como financiar renovaciones, patrocinar mercaderes y rescatar a civiles.

La Orden continuó adaptándose y reformando gradualmente a lo largo de los siglos, y durante algunos siglos, sus actividades comenzaron a pasar a las reformas sociales no violentas en lugar de la aplicación agresiva. La transición fue tenue: ciertas ramas, como la novata sucursal establecida en Norteamérica por Achilles Davenport y el movimiento patrocinado por Narodnaya Volya, se involucraron en operaciones de terrorismo. Fue solo después de la Segunda Guerra Mundial que los Asesinos definitivamente reorientaron sus actividades hacia un cambio inspirador a través del ejemplo. Los asesinatos se volvieron mucho más raros, y hasta la Gran Purga de 2000, la guerra sombra con los Templarios se redujo a una librada mediante la manipulación encubierta de elecciones políticas en su lugar.

Prácticas

Iniciación en la Orden

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Claudia Auditore siendo incluida en la Orden de Asesinos en 1503

Había dos formas de entrar en la Orden: desde el nacimiento, como Altaïr Ibn-La'Ahad, Ezio Auditore y Desmond Miles, o mediante el reclutamiento, como Edward Kenway y Shaun Hastings.

Después de declararse como un Asesino bajo el Credo, los aprendices debían ser probados para demostrar su valía durante un período de tiempo no especificado. Por ejemplo, Ezio tuvo la tarea de perseguir a los conspiradores Templarios durante años antes de ser oficialmente reclutado, mientras que los aprendices Asesinos tenían que ganar suficiente experiencia en sus misiones contractuales en todo el mundo antes de unirse al Gremio de Asesinos como miembros de pleno derecho.

Formación

Los Asesinos pasaron toda su vida entrenando para matar. Desde una edad temprana, se les enseñó a observar su entorno y planificar el futuro. Las habilidades de combate eran esenciales y se centraban en el arma blanca. Sin embargo, la enseñanza más importante en el entrenamiento de los Asesinos fue la ocultación. El sigilo era la mayor arma de los Asesinos, y todo sobre sus vidas enfatizaba su devoción. Era esencial que un Asesino fuera capaz de alcanzar su objetivo sin que nadie lo notara y luego volver a deslizarse entre la multitud después de que golpearan.

Otro enfoque importante del entrenamiento de un Asesino fue la maniobrabilidad. En el momento en que un Asesino alcanzaba el rango de Maestro Asesino, también era un Maestro del parkour. Ampliamente visto como algo extraño por la población en general, este método de movimiento permitió a los Asesinos llegar a áreas que de otro modo no serían accesibles. El parkour le dio a los Asesinos una ventaja significativa sobre casi todos sus enemigos y guardias de la ciudad, y podía ser utilizado para atravesar entornos urbanos atestados de manera rápida y eficiente.

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Altaïr con el entrenador de combate en Masyaf

Sin embargo, no todos los Asesinos fueron entrenados desde el nacimiento, particularmente aquellos reclutados más tarde en la vida. Los aprendices tenían que aprender las formas de su oficio a través de la experiencia personal y las enseñanzas de otros Asesinos en el campo. Por ejemplo, Ezio aprendió muchas técnicas de otros Asesinos y aliados como Paola, su tío Mario Auditore y la ladrona Rosa, así como varias técnicas fundamentales de asesinato leyendo el Códice de Altaïr. Siglos más tarde, Edward Kenway usó las habilidades aprendidas a través de la piratería para mejorarse a sí mismo como Asesino.

A diferencia de otras facciones, los Asesinos no tenían un estilo específico de lucha. Además de su firma de Hoja oculta, cada rama usaba armas y estilos de lucha nativos de la zona. Por ejemplo, los Asesinos turcos favorecieron a las dagas curvadas, mientras que los Asesinos chinos fueron entrenados en wushu.

Equipo

A través de las edades, la Hermandad ha tenido muchas armas a su disposición. Durante la antigüedad, los Asesinos no tenían ningún atuendo o equipo estándar, pero los antiguos Asesinos eran conocidos por usar lanzas, venenos, arcos y otros armamentos. En el momento de la Alta Edad Media, habían asumido el blanco como color general y túnicas con capuchas de pico como su ropa común.

Esta edad también marcó la aparición del arma característica de los Asesinos, la Hoja oculta, una cuchilla retráctil conceptualizada por primera vez por Darío. Otras armas utilizadas por los Asesinos incluían espadas, cuchillas cortas y cuchillos arrojadizos, aunque la Orden prohibió el uso del veneno como "una herramienta cobarde". Muchas de esas reglas cambiaron bajo el liderazgo de Altaïr, quien fue pionero en varios inventos y técnicas con la ayuda de un Fragmentos del Edén. Estos incluyen la Hoja venenosa, la Pistola oculta, y nuevos tipos de asesinatos que alteraron drásticamente las prácticas de la Orden.

Desde el Renacimiento en adelante, el equipo de los Asesinos no cambió significativamente, pero algunas armas se agregaron a su arsenal. El uso de armadura sobre túnicas se había hecho popular, aunque persistían las túnicas blancas con capuchas de pico. Ezio Auditore y otros Asesinos italianos utilizaron una pistola oculta, una ballesta, dardos venenosos, bombas de humo y una Hoja oculta secundaria, entre otras armas convencionales como espadas y cuchillos. Algunos Asesinos también tenían armas únicas que no se veían en ninguna otra parte, como el tomahawk de Ratonhnhaké:ton o Hookblades utilizado en el imperio otomano de principios del siglo XVI. Todavía otros, como los Asesinos del Caribe, no tenían capuchas de pico como parte de su atuendo estándar.

Bajo la tutela del Sikh Jayadeep Mir, la Hermandad Británica adoptó las tácticas de miedo desarrolladas por la Hermandad India, comenzó a utilizar tácticas de miedo mediante el uso de alucinógenos y bombas de miedo. Al asustar a los enemigos de la batalla, los Asesinos Hindúes y Británicos podrían evitar ser forzados a matarlos, mitigando así las bajas.

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Desmond usando una Hoja oculta moderna

En los tiempos modernos, los Asesinos siguieron al resto de la sociedad en la nueva era. A medida que la tecnología avanzaba, las armas se volvieron comunes y las computadoras se volvieron frecuentes, y Asesinos como Rebecca Crane y Hannah Mueller se especializaron en su uso. Mientras Desmond Miles estaba retenido por Industrias Abstergo dentro de sus instalaciones en Roma, un pequeño grupo de Asesinos intentó rescatarlo, armados con armas automáticas.

Sistema funerario

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Ezio Auditore sostiene entre sus manos el cadáver de Vieri de Pazzi

Históricamente, los Asesinos siempre mostraron gran respeto por los muertos. Los suyos fueron enterrados en criptas o grandes tumbas, envueltos en un sudario de tela con su faja roja extendida por todo el cuerpo. Los mayores Asesinos fueron venerados en grandes tumbas y sepultados dentro de sarcófagos, su semejanza blasonada en la tapa y su símbolo venerado en las banderas de la tumba.

Para todos los objetivos de asesinato, a menos que las circunstancias lo impidieran, los Asesinos les darían sus últimos ritos después de que fallecieran. Al principio de su carrera como Asesino, Ezio Auditore fue reprendido por su tío Mario por faltarle el respeto al cadáver de su objetivo y rival de mucho tiempo, Vieri de Pazzi, inculcando en él el respeto por los muertos.

Expulsión

Cuando un Asesino se había comportado irracionalmente en varias ocasiones, el Consejo Asesino podía convocar a un voto de expulsión. La expulsión incluiría que el Asesino fuera despojado de su rango y exiliado de la Hermandad.

El Asesino Arno Dorian fue expulsado de la Orden, después de haber desafiado las órdenes del Consejo, realizando varios asesinatos sin el consentimiento del Consejo y en palabras del Consejo "burló el Credo en cada paso".

En casos de extrema indiferencia por los principios del Credo, un miembro expulsado puede convertirse en un objetivo de asesinato de sus antiguos compañeros, como por ejemplo Perotto Calderón por el robo del Sudario del edén, y Shay Cormac por el robo del manuscrito Voynich.

Referencias

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