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Kassandra de Esparta (c. 458 a. e. c. - 2018), también conocida como niña de la montaña[1], portadora del águila[2], viento del oeste, guardiana o simplemente misthios, fue una mercenaria activa durante la Guerra del Peloponeso.

Nieta del rey Leónidas, Kassandra se convirtió en blanco del Culto de Kosmos, una organización que movía los hilos en Grecia, debido a que su linaje tenía el potencial para acabar con sus planes. Si bien en un inicio el Culto consiguió separar a la familia, la mercenaria descubriría la verdad años después, emprendiendo una cacería en contra de los responsables[3].

En el trayecto conoció a personalidades de la época como Pericles, Sócrates e Hipócrates que se convertirían en sus aliados. Asimismo descubrió por qué su sangre era tan especial, haciéndose con el Cetro de Hermes Trismegisto, un artefacto capaz de volver inmortal a su portador[4].

Kassandra además se enfrentó a la Orden de los Antiguos, otro grupo secreto con presencia en Persia. Liderada por Amorges, la Orden estaba eliminando a aquellos que consideraba impuros de sangre o "Mancillados", siendo Kassandra uno de ellos[5]. En medio de la aventura conoció a Darío, el asesino de Jerjes, y su hijo Natakas de quien se enamoraría con el tiempo llegando a convertirse en el padre de un niño llamado Elpidio que heredaría aquel linaje tan especial[6].

Gracias al Cetro de Hermes, Kassandra se pasó los siguientes dos milenios moldeando la historia y manteniendo el equilibrio entre las fuerzas del orden y el caos, personificadas en la Orden de los Templarios y la Hermandad de los Asesinos respectivamente, a la par que resguardaba la Atlántida, una antigua biblioteca de la Primera Civilización.

A mediados de 2018, su camino se cruzó con el de Layla Hassan, que justamente estaba buscando el cetro en un intento por salvar al mundo de un inminente apocalipsis[7].

Sumario

Biografía[editar | editar código]

Vida previa[editar | editar código]

Una vida normal[editar | editar código]

Nikolaos entrenando a Kassandra. Detrás, Mirrina alzando al bebé Alexios.

Kassandra nació en Esparta alrededor del año 458 a. e. c.[8] Bajo el cuidado del general Nikolaos y su madre Mirrina gozó de un estilo de vida promedio.

A pesar de las concepciones sociales de la época, Nikolaos decidió entrenarla, convencido de que en un futuro aquella niña se convertiría en el orgullo de su familia. Para ese entonces nació el pequeño Alexios[9].

Kassandra recibiendo la lanza de Leónidas.

Mirrina también vio el potencial de su hija, ya con siete años de edad, por lo que decidió entregarle la lanza rota de Leónidas, una reliquia que había sobrevivido a la batalla de las Termópilas y que representaba la valentía y coraje de aquella familia. Ni bien la sostuvo entre sus manos Kassandra sintió una energía emanar del objeto, una especie de magia, a lo que su madre explicó que ese era el don que habían heredado, uno que otros intentarían arrebatarles.

En su inocencia, la pequeña prometió hacer frente a todo aquel que lo intentara[10].

La profecía[editar | editar código]

Sin embargo, lo que parecía una vida perfecta pronto se convertiría en pesadilla. El oráculo de Delfos, mediante la pitia, profetizó que Alexios sería el causante de la caída de Esparta por lo que si la nación quería prevalecer, el niño debía morir[11].

Echarse a la mar 1.PNG

El monte Taigeto fue el lugar elegido para el sacrificio. Retenida por los soldados, Mirrina imploraba piedad mientras un impotente Nikolaos observaba en silencio. De pronto, Kassandra se liberó de sus captores y corrió hacia el borde del precipicio para rescatar a su hermano con tan mala suerte que producto del empujón cayeron Alexios y el sacerdote que lo sujetaba.

Echarse a la mar 2.PNG

Ofendidos por la afrenta, los demás presentes reclamaron a Nikolaos hacerse responsable de lo sucedido. Entonces, aguantando el dolor en el pecho, abrazó a la pequeña una última vez y la lanzó al vacío ante el grito horrorizado de su madre[11].

Huida[editar | editar código]

Increíblemente, Kassandra sobrevivió a la caída. Cuando abrió los ojos un águila volaba sobre ella como si estuviera guiándola y a su lado yacía el hombre al que había empujado. Ni rastro de Alexios. Previendo la llegada de los soldados, recogió la lanza de Leónidas y echó a correr a la orilla del mar donde encontró un bote, su única salida de ahí.

Sin más opción, la niña empujó el bote y se echó a la mar. Finalmente, tras un accidentado viaje, llegaría a Cefalonia donde un hombre llamado Markos le ofreció cobijo a cambio de una serie de favores. Y así, con el tiempo, ambos se hicieron socios metiéndose en problemas[9].

Markos ofreciendo un trozo de pan a la recién llegada.

El Cíclope de Cefalonia[editar | editar código]

El viñedo de Markos[editar | editar código]

Para el año 431 a. e. c. la Guerra del Peloponeso había comenzado pero la vida en Cefalonia seguía como siempre. Markos y Kassandra tenían una deuda con un bandido que se hacía llamar "el Cíclope" y la situación se ponía cada vez más peliaguda.

Un día, luego de tener que lidiar con dos de sus matones, Kassandra recibió la visita de Febe, una niña que trabajaba para Markos, quien le avisó que su socio la estaba esperando en su nuevo viñedo. A la mercenaria no le parecía una buena idea que él se estuviera gastando el dinero de ambos en empresas arriesgadas por lo que fue a visitarlo[12].

Kassandra eligiendo un caballo para su aventura.

Como temía, no tenía idea de cómo administrar un viñedo, pero a ella solo le importaba que le pagaran por lo que aceptó ir a cobrar a Duris, un comerciante al que Markos constantemente prestaba monedas. Luego de elegir un caballo, la mercenaria estaba lista para partir pero se vio sorprendida cuando una granjera informó de que Febe había sido secuestrada por los hombres del Cíclope[12].

Encontrar el campamento no fue difícil, estaba en la playa de Ctímene. Tras eliminar a los cuatro captores y liberar a su pequeña amiga, Kassandra se enteró de que el Cíclope había puesto precio a su cabeza y que algunos mercenarios pensaban cobrárselo. Fastidiada por no tener un momento de calma, se despidió de Febe y continuó con su agenda[9].

Saldando deudas[editar | editar código]

Duris[editar | editar código]

Kassandra encarando a Duris.

En Sami, Duris se encontraba en su tienda y no tenía muchas ganas de pagar. Markos le estaba cobrando el doble de intereses debido a su retraso, algo que le parecía excesivo e insensato viniendo de alguien que hacía negocios con el Cíclope.

Sorprendida por descubrir que había comprado el viñedo con dracmas de un criminal, Kassandra debió decidir cómo abordar a Duris: perdonándole la deuda, cobrándole de todos modos o incluso matándolo[9].

Drusila[editar | editar código]

Drusila esperando la ayuda de Kassandra.

En el templo, Markos se veía más y más acorralado por los matones del Cíclope, que pronto llegaría a Cefalonia. Era urgente un plan, pero antes de que pudieran conversar apareció Drusila, una fabricante de arcos que estaba perdiendo mercadería por unos saqueadores. Como le debía unos favores, Markos ofreció a Kassandra para solucionar el asunto y prometió que la próxima vez tendría un plan efectivo para librarse del Cíclope.

Antes de acabar con los ladrones, la misthios necesitaba que reparasen su arco roto. Drusila, que quería una solución rápida, accedió y pronto le trajo uno nuevo y de tiro firme. Ahora estaba lista para realizar el encargo[9].

Por suerte el campamento de los bandidos estaba en un astillero cercano y seguir su rastro no fue complicado. Con el líder y sus secuaces eliminados, pronto la madera volvió con su dueña. Aun así, fue necesario llevar una pequeña pieza para probar que el trabajo estaba hecho.

Sorprendida de la fiabilidad de la mercenaria, Drusila pagó lo debido y le pidió no dar a Markos un solo dracma[13].

El ojo de obsidiana[editar | editar código]

De vuelta en el viñedo, Kassandra pudo al fin oír el plan de Markos para librarse del Cíclope. No podía ser más avezada la propuesta: robarle su preciado ojo de obsidiana[14]. Con el valor que tenía ese material en Cefalonia, el dúo podría despedirse al fin de sus deudas por lo que no parecía tan mala idea.

Con su nuevo arco a la mano, la muchacha partió a hacerse con el botín en la guarida del Cíclope, al oeste. Sin embargo pronto descubrió que su acreedor no se andaba con juegos, el lugar estaba vigilado por todos lados por lo que fue necesario permanecer en perfil bajo o el viñedo de Markos sería atacado.

Contra todo pronóstico consiguió el ojo. Contento por ese pequeño triunfo, su compañero le encomendó cuidar la piedra hasta el momento justo y le comentó que había visto desembarcar un navío demasiado grande para ser normal. Lo más seguro es que se tratase de secuaces del Cíclope, lo que significaba más monedas que podían robar para hacerse ricos[14].

Visitantes inesperados[editar | editar código]

El hombre de Kirra[editar | editar código]

Los forasteros que Markos había descrito se establecieron en una casa abandonada al sur de Sami y Kassandra no dudó en acabar con cada uno de ellos. De pronto, mientras uno de los caídos se arrastraba negándose a morir, un hombre de traje azul apareció y sin reparos le cortó la garganta[15].

Irónicamente, el extraño negó conocer al Cíclope pero no se inmutó ante la muerte de sus matones. Más bien, ahora tenía un trabajo para ella por lo que se dirigió a la playa mientras exclamaba: "Te ruego que me sigas, Kassandra". Consciente de que el tipo sabía más de lo que decía, ella le siguió.

"Conocerte me interesa muchísimo. Y a ti, conocerme a mí."

Frente al mar se presentó, su nombre era Elpenor[15]. Unos ladrones se habían llevado un objeto de gran valor, el sudario de Penélope, a Ítaca y ahora lo quería de vuelta. La misthios creyó que se trataba de una broma pero el hombre insistió, y le recomendó investigar en el palacio de Odiseo.

Prometiendo pagarle una buena suma, Elpenor se retiró. "No falles" fue su última frase[15].

El sudario de Penélope[editar | editar código]

La primera reacción fue de sorpresa, con todo el tiempo que vivió en Cefalonia nunca notó que tenía el palacio de Odiseo tan cerca. La segunda también fue de sorpresa, pues Ícaro reveló que en verdad el sudario existía; sin embargo debía tomarlo "prestado" de un hoplita por lo que fuerza bruta fue necesaria.

Mientras una mujer enjaulada observaba todo, Kassandra tomó la tela y volvió en la misma barca con la que había llegado[16].

Elpenor esperaba junto a un criado en el templo de Zeus y cuando vio llegar a Kassandra con el sudario no ocultó su satisfacción. Cediéndole el sudario como obsequio le entregó una bolsa de monedas y otro contrato.

El sudario de vuelta con Elpenor.

Comprendiendo que había sido puesta a prueba, preguntó qué debía hacer ahora a lo que Elpenor explicó: debía dirigirse a Megáride para eliminar a un general conocido como "el Lobo" pues estaba "fastidiando el negocio". La zona era muy importante a nivel militar y estratégico por lo que le encomendó hacerse con un barco para estar preparada.

Finalmente le dijo que una vez muerto el Lobo se dirija al desembarco del Peregrino, en Fócida. Prometiendo no decepcionarlo, la mercenaria partió[16].

Llegó el Cíclope, se fue el Cíclope[editar | editar código]

Se busca un navío[editar | editar código]

Kassandra observando el barco de Telémenes.

Mientras el astillero Telémenes observaba su barco recién fabricado, Kassandra se acercó preguntando por el precio. La respuesta le cayó como un baldazo de agua fría: 100 000 monedas, una cifra que ni siquiera con obsidiana podría pagar.

Aprovechando el tema, Telémenes mencionó los rumores de la llegada del Cíclope, que había sido visto desembarcando en la bahía de Clepto. Viendo una oportunidad para hacerse con un navío, la misthios se dirigió al lugar[11].

Lo que antes era una aldea hermosa ahora solo estaba habitada por matones y ladrones. Cuando Kassandra llegó, el Cíclope estaba torturando a un hombre que había osado llamarle por su apodo característico; a lo que ella ordenó que lo soltaran mostrando el ojo de obsidiana. Ni bien lo vio, el hombre reclamó lo que le había sido robado prometiendo no acabar con Markos.

Provocando al Cíclope de Cefalonia.

Sin perder la calma, la chica se fijó en una cabra que pasaba por ahí y le clavó la piedra en donde no le daba el sol. Atónito ante la afrenta, el Cíclope gritó de rabia y sacó su mazo para aplastarla.

La lucha no fue sencilla, pero el Cíclope y sus hombres no volvieron a sembrar temor en Cefalonia desde aquel día[11].

Comienza la odisea[editar | editar código]

Tras escapar antes de la llegada de más bandidos, el rehén se presentó como Barnabás, capitán de la Adrastea. Convencido de que era una enviada de los dioses, ofreció sus servicios como agradecimiento por salvarlo. Kassandra aceptó con gusto la oferta y le siguió hasta el puerto de Sami, donde aguardaba el barco. Luego de despedirse de Febe y Markos, la mercenaria estuvo lista para navegar a Megáride. Consciente de que eran aguas turbulentas, Barnabás preguntó la razón del viaje a lo que su capitana explicó que debía encargarse del Lobo de Esparta.

"¡El Lobo! ¿Vas a matar a Nikolaos de Esparta?", exclamó él. Grande sería la sorpresa de Kassandra, había sido contratada para matar a su propio padre[11].

El Culto de Kosmos[editar | editar código]

Reencuentro con Nikolaos[editar | editar código]

Llegada a Megáride[editar | editar código]

En efecto, Megáride no era zona de fácil acceso por lo que la Adrastea tuvo que librarse de un bloqueo ateniense. Mientras desembarcaba, la misthios vio de lejos a su anciano padre liderando a un bloque de espartanos que masacraba a unos vencidos atenienses. Luego de felicitar a sus hombres, el Lobo se marchó.

Antes de que pudiera acercarse, Kassandra fue interceptada por Esténtor quien le agradeció por deshacerse de la barricada enemiga. Presentándose como el hijo adoptivo del general, manifestó su desconfianza ante la presencia de una mercenaria por lo que si quería ganarse la atención de Nikolaos debía primero ayudar[17].

Sin tiempo que perder, aceptó. El objetivo era eliminar al líder ateniense en Megara, protegido por muros de piedra.

La batalla[editar | editar código]

Kassandra ganándose el favor de Esténtor.

Con Panionos el Conquistador muerto, Kassandra demostró su valía para el bando espartano. Los comandantes de Esténtor estaban contentos y el Lobo había dado la orden de tomar la región por lo que solo debían dirigirse al campo de batalla[18].

Mientras iban al campamento, ella preguntó si podía describir a Nikolaos como padre. Su hijo, buscando los términos precisos, remarcó la admiración que sentía por él aunque no pudo evitar mencionar la tristeza que a veces denotaba su mirada.

Por primera vez, Kassandra estuvo en una batalla real. En medio de soldados luchando por un ideal, donde ya no podía valerse del sigilo para despachar a sus enemigos. Solo ella y su lanza contra el mundo, derramando sangre en nombre de Esparta y el hombre al que iba a matar.

En el enfrentamiento no solo murieron soldados, también capitanes y el mercenario ateniense. La región de Megáride estaba ahora del lado de Esparta[18].

Confrontando al Lobo[editar | editar código]

Felices por la victoria, los espartanos recuperaban el aliento. Mientras la mercenaria y su hermanastro se daban un apretón, un mensajero llegó informando que el Lobo quería ver a Kassandra a solas. Extrañado e incómodo por la decisión, Esténtor se marchó a atender otros asuntos[19].

A solo unos metros del padre que la condenó a muerte, Kassandra se dirigió a enfrentar su pasado. Los soldados, inconscientes de lo que sucedía, solo la animaban a no hacer esperar al general.

De espaldas a la mercenaria, Nikolaos observaba el horizonte. Preguntando por el nombre de quien los había llevado a la victoria se quitó el casco y entonces la reconoció. En una conversación tensa, Kassandra reclamó por no haberla defendido junto a su hermano pero el anciano señaló que debía respetar la palabra del oráculo[19].

"Llevas mucho tiempo evitando el pasado. Ahora vas a responderme".

Cansada de oír la misma excusa y recordando la recompensa por matar al Lobo, la misthios lo empujó al borde del precipicio y, aunque tuvo la oportunidad de vengarse, ella quería respuestas. Frustrada, lanzó a Nikolaos fuera de su camino, condenándolo a vivir con el peso de sus errores. Este, acongojado, se puso de pie mientras decía: "Los quería a los dos como si fueran míos. Pero nunca lo fueron".

La joven pidió explicaciones ante tamaña afirmación pero Nikolaos solo le encomendó buscar a su madre y, mientras se marchaba a "buscar su honor", le dio un último consejo: "Las serpientes reptan por la hierba".

Kassandra, boquiabierta por lo que había escuchado, recogió el yelmo del Lobo y volvió a su barco cuanto antes[19].

Buscando respuestas[editar | editar código]

Barnabás preguntó a su capitana si tuvo éxito en la misión pero tras oír su historia reconoció que familias con problemas había, y muchas. La misthios, recordando el trato con Elpenor, creyó que lo mejor era reclamar la recompensa y pedirle explicaciones mientras que su timonel sugirió visitar al oráculo de Delfos[20].

Elpenor[editar | editar código]

Como prometió, Elpenor se hallaba en Desembarco del Peregrino y con él una bolsa de monedas. Kassandra, consciente de que él sabía la verdad sobre Nikolaos, preguntó por qué la eligió. Elpenor respondió alegando que sabía que sería capaz de hacerlo, y le pidió acompañarle al patio.

Elpenor observando satisfecho el yelmo de Nikolaos.

Curioso por saber qué pasó en Megáride preguntó si el Lobo le había revelado algo. La misthios, descubriendo que su patrón quería ver muerta también a Mirrina, montó en cólera y amenazó. Mientras tanto, dos guardias enmascarados la rodearon permitiendo a Elpenor escapar[21].

Aunque eran duros, los matones fueron derrotados. Esperando encontrar pistas, Kassandra investigó en la casa y descubrió tres cosas: que Febe indirectamente guió a Elpenor hacia ella, que estaba buscando a una mujer y que se dedicaba a vender armas para Atenas y Esparta, prolongando la duración del conflicto[21].

La pitia[editar | editar código]
Primer intento[editar | editar código]

En el santuario de Delfos, Barnabás aguardaba acompañado de un peregrino. Mientras la misthios contemplaba el templo, este se percató de la lanza y reconoció el arma del legendario Leónidas[1].

Kassandra, al notar que se acercaba demasiado, le preguntó su nombre. El hombre se quitó la capucha y se presentó como Heródoto, que había sido enviado por un hombre poderoso de Atenas para descubrir a través de la pitia un modo de terminar con la guerra. Sin embargo, llamó su atención la excesiva vigilancia y la gente rechazada.

A pesar de la cola, Kassandra pasó de largo y entró al santuario. Allí, frente a una estatua de Apolo, se encontraba la pitia con los brazos en alto. Como solo tenía una oportunidad, la mercenaria debió elegir entre preguntar por el paradero de su madre o el de su verdadero padre.

"Niña de la montaña, el Culto de Kosmos tiene infinidad de espías. Te van a matar".

Al abrir los ojos, la pitia reconoció a la "niña de la montaña". Exhaltada, le advirtió del Culto de Kosmos y le ordenó marcharse. La misthios, confundida, exigió respuestas pero los guardias la sacaron a la fuerza[1].

Barnabás había regresado al barco por lo que solo estaba esperándola Heródoto. Este, notando su desagrado, le preguntó por lo sucedido mas cuando Kassandra mencionó al Culto de Kosmos, decidió llevarla a un sitio apartado.

Según los rumores, el Culto era una especie de secta por lo que si estaban manipulando a la pitia entonces eran controlar toda Grecia a través de sus presagios. Decidida a obtener respuestas, Kassandra preguntó dónde vivía la pitia[1].

Segundo intento[editar | editar código]

A las afueras de un aldea, en la jora de Delfos, se hallaba la casa de la pitia. Con sigilo, la misthios consiguió llegar hasta su recámara y tuvo el tiempo suficiente para interrogarla.

La joven, consciente de que moriría por su infidencia, habló. El Culto le ordenaba qué decir cuando alguien preguntaba sobre política o guerra, y las respuestas las obtenía gracias a un artefacto debajo del templo. Ese mismo objeto le permitió reconocer a Kassandra cuando la visitó, pues el Culto estaba buscando a un niño que sobrevivió a una caída del monte Taigeto.[22]

La pitia siendo interrogada.

Antes de irse, preguntó dónde encontrar al Culto. La pitia señaló una cámara bajo el templo de Apolo pero advirtió que necesitaría vestirse como ellos, con capa y máscara. Sin embargo, un hombre que la visitaba regularmente podía ayudarle con el traje. Su nombre era Elpenor.

Cuando escuchó ese nombre, Kassandra no pudo ocultar su sorpresa. Según la pitia, estaba haciendo negocios al sur del Valle de la ninfa. La mercenaria, agradecida por la información, hizo una reverencia y se marchó.

Las respuestas obtenidas por Kassandra reconfirmaron los rumores escuchados por Heródoto. En efecto, el templo de Apolo yacía sobre la cueva de Gaia por lo que solo restaba encontrar el disfraz. La joven aseguró que en cuanto obtuviera la capa y la máscara podrían reunirse allí[22].

Descubriendo la amenaza[editar | editar código]

La muerte de Elpenor[editar | editar código]

Como dijo la pitia, Elpenor se hallaba en un fuerte. Llegar hasta el sujeto no fue difícil, pero en cuanto le atravesó con su lanza descubrió que era un señuelo. Gracias a una carta que tenía consigo, descubrió que ordenó matar a la pitia y que se ocultaba en una cueva detrás de las ruinas del Valle de la serpiente[23].

Los guardias no impidieron que Kassandra se abriera paso hasta la cueva, donde ambos se enfrentaron espada en mano. Luego de varios minutos, Elpenor cayó al suelo y, sucumbiendo a sus heridas, se ahogó en su sangre.

Abandonando el cadáver de Elpenor.

Además del atuendo ceremonial, la mercenaria tomó una pequeña esquirla que yacía a su lado[23].

Infiltrada en el Culto[editar | editar código]

De vuelta con Heródoto, Kassandra estaba lista para entrar a la cueva de Gaia. Tras vestirse y encargarle sus armas, cruzó el umbral que estaba a plena vista[24].

Fingiendo ser una recién iniciada, se camufló entre los demás. Todos esperaban a Deimos, y esperaban compartir sus progresos desde la última reunión.

Con cada conversación, Kassandra descubrió un poco más sobre el Culto. Que Deimos, si bien no el líder, era su arma principal aunque también era inestable; que el Culto en secreto planeaba secuestrar a su madre y al resto de su familia; y que además tramaba eliminar al escultor Fidias. Aparte, en un rincón, la misthios consiguió un montón de cartas del Culto. Tamaña documentación revelaba que tenían las narices en cada sector de la Hélade[24].

El artefacto que mencionó la pitia se hallaba en el centro de la cámara, iluminando todo. Kassandra notó que estaba cubierto de esquirlas como la de Elpenor, por lo que se acercó y colocó la suya. En cuanto lo hizo, una miembro se le acercó felicitándola por colocar el último fragmento. Ahora el artefacto estaba completo.

Y entonces, Deimos llegó. La cabeza de Elpenor colgaba en una de sus manos y si al inicio no todos se percataron del macabro detalle, lo hicieron cuando pateó bruscamente un candelabro. De pronto la reunión se puso tensa, todos guardaron silencio y formaron un círculo alrededor del artefacto.

Con Elpenor muerto, era obvio que había un traidor entre los presentes. El artefacto revelaría quién, por lo que fue eligiendo a una persona al azar para examinar sus recuerdos a través del mismo. Dos sujetos pasaron la prueba con éxito hasta que tocó el turno de Kassandra.

Sin otra opción, la misthios obedeció. Ambos tocaron la pirámide y entonces una serie de imágenes continuó. Recuerdos de la infancia de ambos, desde su cómoda vida en Esparta hasta la trágica noche en el Taigeto. Deimos era Alexios, el hermano perdido de Kassandra[24].

Kassandra descubriendo que Deimos era su hermano.

"¿Quién eres?", preguntó un confundido Deimos. Ella no respondió y solo atinó a retroceder. Este entonces llamó a otro cultista, que obediente se acercó al artefacto sin imaginar que Deimos, sin razón, estrellaría su cabeza contra el mismo y lo golpearía hasta la muerte, mientras exclamaba "¡El traidor ha muerto!". Kassandra tomó una esquirla y se marchó.

Heródoto esperaba paciente fuera. Impactada, Kassandra reveló que la amenaza era mayor de lo que habían pensado. El historiador sugirió partir de inmediato a Atenas para advertir a Pericles, mientras que ella solo pensaba en buscar a su madre. Así las cosas, Heródoto dijo que solo allí encontraría información sobre ella.

A regañadientes aceptó, pero Heródoto quería comprobar algo antes por lo que le pidió dirigirse al León de Leónidas, en las Termópilas[24].

Aquellos que vinieron antes[editar | editar código]

Recuerdos del abuelo[editar | editar código]

Una vez en el punto de reunión, Heródoto sugirió la mercenaria extender su lanza. En cuanto lo hizo, esta reaccionó como si ya reconociera aquel antiguo campo de batalla[10].

Kassandra y Heródoto frente al León de Leónidas.

El historiador confirmaría sus sospechas. En cuanto tocó la hoja, esta mostró los últimos momentos de Leónidas y sus trescientos espartanos enfrentando a los persas. Aquella era la verdadera arma del rey.

Kassandra dedujo que tamaña revelación no fue casual, Heródoto sabía lo que pasaría. Este señaló que lo hizo para confirmar una visión de antaño: una misteriosa estructura en la isla de Andros, posiblemente relacionada a una antigua civilización de la que había oído durante sus viajes. Según los símbolos e inscripciones que descubrió en varias cuevas, aquellos seres crearon a la humanidad y les entregaron el fuego.

La lanza y aquel lugar estaban conectados. Heródoto mantenía su promesa de ayudar en la búsqueda de Mirrina, pero afirmaba que era menester ir a Andros[10].

La forja[editar | editar código]

Oculta entre la vegetación de la isla, Kassandra encontró la susodicha estructura; sin embargo una gran puerta le impedía el paso. Recordando a su madre, intuyó que la lanza podía servir de ayuda[10].

En su interior, la cueva era enorme y no parecía hecha por ser humano conocido. Al fondo, una figura brillaba. Se trataba de un molde con la forma de una lanza, muy parecida a la suya.

Activando el mecanismo de la forja.

En cuanto la colocó dentro, otra figura triangular relucía. Kassandra la relacionó con aquella esquirla que tomó del cadáver de Elpenor y la introdujo en el molde. Entonces, el mecanismo reaccionó con su arma emitiendo un destello fugaz mientras una voz femenina advertía de que la forja había sido activada[10].

De nuevo en sus manos, la lanza se sentía más fuerte. Si continuaba mejorándola, el Culto sería incapaz de enfrentarla.

Kassandra salió dispuesta a explicar lo sucedido ante Heródoto, pero una flecha interrumpió sus pensamientos. "Hora de hablar", exclamó Deimos.

Ella lo siguió hasta un colina esperando una bienvenida fraternal pero no podía estar más equivocada: arisco, su hermano advirtió que los planes del Culto eran imparables y se negó a cualquier intento de Kassandra por convencerlo de unirse en su búsqueda.

El despertar de los recuerdos 6.PNG

Al descubrir que sobrevivió a la caída del monte Taigeto, el Culto sospechaba que ella tenía sangre divina, como él. Pero Deimos estaba convencido de ser el único semidiós. Asimismo estaba consciente de que su próximo destino era Atenas, por lo que advirtió que los días de Pericles y su círculo estaban contados[10].

La espartana solo reafirmó su amenaza contra el Culto. Después de un tenso intercambio de palabras, Deimos se marchó.

En la Adrastea, Heródoto estaba ávido por saber qué pasó. Cuando Kassandra mencionó la advertencia de Deimos, comprendió que era hora de ir a Atenas. Específicamente al Pnyx[10].

Bienvenidos a Atenas[editar | editar código]

El Padre de la Democracia[editar | editar código]

Como todo el mundo griego, Atenas enfrentaba sus propios problemas. En un estrado, Pericles intentaba apaciguar el ánimo popular, contrario a lo que hacía su contrincante Cleón, que no paraba de mencionar la amenaza espartana.

Conociendo a Pericles.

Después del accidentado espectáculo, Heródoto y Kassandra se acercaron. Intentando prudencia, el historiador sugirió invitarla al próximo simposio para ayudarla en su búsqueda personal. Pericles consideró la idea pero no prometió las respuestas que esperaba, y le encargó tres recados con tal de asegurar su presencia ahí[25].

Tres encargos[editar | editar código]
Buscando a Metíoco[editar | editar código]

Metíoco debía reunirse con Pericles pero misteriosamente se ausentó. Cuando Kassandra se dirigió a su finca descubrió el porqué: serpientes, el longevo político estaba rodeado de ellas[26].

Una vez las alimañas murieron, Metíoco pudo liberarse de sus ataduras. Indignado, señaló que habían invadido su propiedad, llamándolo serpiente y condenándole a morir como tal; aparte reconoció las voces del barrio pesquero que había visitado recientemente.

"La tensión es enorme. Así, nos vamos a despedazar dentro de la ciudad antes de que llegue Esparta".

Con toda esa información, tocó investigar comenzando por la vivienda de los asaltantes. Dentro halló un cadáver, más serpientes y una carta con instrucciones para los atacantes. Quedó claro que ellos solo seguían órdenes[26].

Mientras analizaba las pistas, los sospechosos se acercaron de forma amenazante. Sin dejarse intimidar, Kassandra demandó saber la identidad del conspirador. Los métodos quedaron a su elección: violencia o diálogo.

Finalmente uno de ellos confesó: habían obtenido los animales de un campamento extramuros. La mercenaria se dirigió dispuesta a detener al vendedor.

El encuentro sería más complicado de lo esperado, el traficante no solo estaba listo para luchar sino que además era experto en venenos y estaba rodeado, para variar, de más serpientes. Pero finalmente, el villano mordió el polvo.

Cumplida la misión, Kassandra volvió donde Metíoco para informarle que estaba a salvo. Aliviado, prometió hablar bien de ella ante Pericles[26].

La huida de Fidias[editar | editar código]

El escultor Fidias se encontraba, como de costumbre, en su taller. Kassandra debió elegir cómo deshacerse del guardia en la entrada, sobornándolo o eliminándolo.

Una vez dentro, la misthios ofrecía la salvación. Fidias había encontrado una carta con instrucciones sobre su muerte, por lo que temía a esos extraños -el Culto de Kosmos- más que a su juicio. Ella comprendió que Pericles quería matar dos pájaros de un tiro: salvar a su amigo de la injusta condena como de su posible asesinato[27].

"Las sombras en la noche, las que te llenan de temor... Me acosan. Nadie está a salvo en Atenas".

Ahora quedaba elegir el destino de la huida. Fidias recordó que en Serifos aguardaba su colega Teras, que también estaba al tanto del complot.

De pronto, otro guardia apareció. Kassandra decidió distraerlo y prometió al escultor que zarparían esa misma noche.

Horas después, la Adrastea partió del puerto. Mareado por el balanceo del barco, Fidias admitió su dolor al abandonar la ciudad que tanto amaba.

Al desembarcar, Teras esperaba a su amigo. Agradecido por la ayuda, reveló que había encontrado la pista de quien planeaba la muerte del escultor. Un tal Brisón. Fidias, igualmente agradecido, mandó saludos a Pericles y le advirtió que todos en Atenas corrían peligro[27].

El exilio del filósofo[editar | editar código]

Como había dicho Pericles, su contacto esperaba en los alrededores del bouleuterión. Con la votación realizada minutos atrás solo quedaba el conteo, por lo que la misión de Kassandra consistía en cambiar la bolsa de óstraca por otra que le entregó el contacto[28].

Era evidente que Pericles deseaba manipular el resultado del ostracismo por alguna razón, pero la mercenaria cumplió su cometido. Por más resguardada que estaba la bolsa de la estancia, los óstraca falsos tomaron su lugar. El contacto luego se encargaría de tirarlos a un pozo.

Kassandra llegó a tiempo para presenciar el resultado del conteo. La balanza se inclinó en contra del sofista Anaxágoras, que resignado se marchó entre abucheos y custodiado por dos guardias.

Presenciando el exilio de Anaxágoras.

Entre el público, un hombre bonachón lamentó la partida de su amigo; más extrañado aún, se preguntó por qué Pericles no se presentó a defenderlo. Su nombre era Sócrates y le tomó un par de preguntas deducir el papel de Kassandra en la votación. Aunque no la culpó, esperaba hacerla reflexionar ante lo sucedido.

Cada intento de justificación solo develó ante ella más dudas sobre lo que era correcto, pero el diálogo se interrumpió cuando uno de los aprendices de Sócrates le recordó que tenía otro encuentro pendiente. El filósofo entonces se despidió, esperando volver a verla[28].

El simposio de Pericles[editar | editar código]
Ricos y famosos[editar | editar código]

Habiéndose ganado el favor de Pericles, la misthios aseguró un lugar en el simposio. Grande fue su sorpresa cuando vio a la primera persona en recibirla dentro de la residencia: Febe.

Tras ganarse unos dracmas ayudando a Markos, la pequeña volvió a su tierra natal "de polizón". Ahí, lideró a un grupo de huérfanos que vivía de timar a los incautos... hasta que lo intentaron con Aspasia, la mujer de Pericles.

Sin saber con quién lidiaban, los chicos se metieron en un buen lío; pero Aspasia tuvo el detalle de contratar a Febe por voluntad propia. Y ahora ella estaba ahí, pidiendo a Kassandra que se cambiara de ropa[29].

La misthios, incómoda de soltar sus armas, accedió. Al rato, de acuerdo a su elección, hacía su entrada llevando un reluciente vestido rojo o con sus típicas prendas de mercenaria.

Unos pasos más allá se encontraba Heródoto. Kassandra, alegre por ver otra cara amiga, lo saludó y preguntó si en verdad los invitados podrían ayudarla en su búsqueda. El historiador señaló que lo harían, si ella se ganaba su confianza antes. Acto seguido le presentó a todos los invitados ilustres.

"No lo parece, pero este grupo perfila nuestro futuro con sus lenguas afiladas".

Pericles, por otro lado, no estaba presente en la fiesta. Esa era su costumbre. Quien sí hizo acto de presencia fue un ebrio Alcibíades, que se tambaleaba celoso ante la presencia de Sócrates y "sus miradas de amor furtivas". Segundos después, desapareció por un corredor tomando a un hombre y una mujer de la mano.

Heródoto recomendó no beber mucho y preguntó, curioso, qué opinaba la misthios de la fiesta. La mercenaria sentía que se hallaba entre gente muy limpia, sorprendida de ver mucha poesía y poca sangre. Extrañado por la respuesta, Heródoto se marchó para hablar con Pericles y contarle sobre la amenaza de Alexios.

Ahora sola, era momento de que Kassandra buscara pistas sobre el paradero de su madre[29].

Partidario de Cleón[editar | editar código]

Hermipo se hallaba sometido a un pesado diálogo con Protágoras sobre la guerra, así que vio a Kassandra como una oportunidad para escapar. El poeta prefería hablar sobre Cleón, a quien consideraba el próximo gran líder de Atenas.

La misthios pudo elegir entre hablar bien de Cleón o desacreditarlo como político. Protágoras, por su parte, solo atinaba a responder con acertijos[29].

El simposio de Pericles 10.PNG

Si Hermipo apoyaba a Cleón, ¿por qué Pericles le había invitado?, se preguntaba Kassandra. Este señaló que era costumbre ateniense mantener a los enemigos muy cerca.

Luego preguntó por Aspasia, a lo que el poeta señaló que esconderse era típico de ella. Finalmente, la mercenaria abandonó la conversación, convencida de haber perdido tiempo[29].

Emborrachando a Eurípides[editar | editar código]

Un inquieto Aristófanes deslumbraba a su colega Eurípides con su imitación de los políticos, Pericles incluido. Para él, ningún político debía estar libre de la sátira crítica; pero Eurípides parecía perdido entre los efectos del vino.

Kassandra fue hacia la cocina y encontró a Sófocles, casi escondido. En cuanto la misthios preguntó algo, el padre del teatro negó cualquier ayuda pues solo prestaba atención en sí mismo. Pero le recomendó intentarlo con Eurípides, eso sí, animándole con vino[30].

Con el consejo de Sófocles en mente, Kassandra fue en busca de vino. Había tanto seco como dulce, pero el segundo le sentaba mal a Aristófanes. Tocaba elegir.

"Conjuremos a Dioniso, ¿vale?".

Eurípides, aunque parco al inicio, aceptó una copa de vino. Como buen seguidor de Dioniso, disfrutó del dulzor de la bebida y pidió una más. Luego otra, y otra, y otra. Con cada trago, Eurípides se volvía más extrovertido mientras que Aristófanes no ocultaba su asco.

Finalmente, el desagrado de Aristófanes terminó en vómito. Eurípides, casi amnésico, preguntó a Kassandra el motivo de su visita. En cuanto ella explicó la tragedia de Mirrina, el argivo señaló que las espartanas pedían clemencia a Asclepio, cuyo santuario se ubicaba en Argos; caso contrario, irían con Hipócrates, el mejor médico de la zona[30].

La mercenaria memorizó aquel nombre y siguió su camino. Aristófanes, mientras tanto, tenía ganas de cantar.

Kassandra volvió con Sófocles y avisó que ya era libre de irse. El dramaturgo hizo caso y agradeció la invitación de Pericles[30].

Aceite para una orgía[editar | editar código]

Tras una gran puerta de madera se oían gemidos agitados. De inmediato Kassandra se puso alerta, pues alguien corría peligro. Entonces tocó con fuerza.

Alcibíades la atendió y, cosa extraña, una cabra salió de ahí. La misthios señaló que alguien parecía estar sufriendo, pero Alcibíades afirmó que era normal confundir gemidos de placer y de dolor. "Si llego a saber que venías habría dejado la puerta muy, muy abierta", continuó[31].

Kassandra pudo ir directo al grano o seguir la corriente. De todos modos, una voz al fondo avisó de que el aceite se había acabado.

Por fortuna, Kassandra había encontrado un jarrón en la cocina. Con más aceite de oliva, la fiesta podía continuar. Alcibíades la invitó a unirse, y quedó en ella aceptar o pedir información ya.

"No les gusta ese nombre, y con razón. Ofrecen mucho más que sus cuerpos".

"Alci" negó que fuera posible escapar de Esparta. Pero de ser el caso, haría como Aspasia: ganar su independencia. De inmediato señaló un lugar: Corintia, donde se hallaban "las mujeres más listas... y resueltas".

Kassandra había oído sobre aquel lugar y las heteras. Antes de volver a enclaustrarse, Alcibíades le recomendó buscar a Antusa pues estaba al tanto de cualquier visitante en Corinto[31].

Aspasia[editar | editar código]

Sócrates aprovechó la oportunidad y llamó a Kassandra, aunque Trasímaco lo vio como un intento de distracción. La discusión iba en torno al arte de gobernar, a lo que Sócrates preguntó: ¿Es entonces el arte del gobierno para el gobernante o para el pueblo?

La misthios tuvo la opción de unirse al intercambio de ideas o pasar de él. En cualquier caso, Aspasia cruzó el umbral y todos notaron su presencia. Su mirada astuta envió un saludo a cada invitado, Kassandra incluida[29].

Rápidamente, abandonó el debate y se dirigió hacia ella. Febe volvía con su patrona, que lamentaba no ver a Pericles en la velada; pero la pequeña propuso ir con Kassandra, pues todos la escuchaban.

"Ahora, deja que me presente. Me llamo Aspasia. No fue fácil cubrir todo lo que hiciste en Megáride".

Aspasia aceptó la idea y ordenó a Febe ir avanzando. La mujer sabía qué su invitada estaba ahí por una razón así que le recomendó aprovechar la ocasión. Kassandra entonces recapituló las pistas que había encontrado, tras lo cual su anfitriona añadió una tercera: buscar a la almirante Xenia, en Ceos.

Como advertencia, le aconsejó mantenerse en guardia pues la vida en el mar la había endurecido.

Finalmente, le pidió volver con ella en cuanto tuviera más pistas. Juntas buscarían el paradero de Mirrina. Dicho esto se marchó para saludar a los demás invitados, y le pidió convencer a Pericles de bajar[29].

Advirtiendo a Pericles[editar | editar código]

Febe señaló el balcón donde se hallaba Pericles. En cuanto asomó, tanto él como Heródoto se mostraron sorprendidos por su presencia.

Pericles no apreciaba las fiestas tanto como Aspasia, y prefirió un diálogo más reducido. Kassandra preguntó por los encargos que había realizado para él, descubriendo que todos, de una forma u otra, eran medios para proteger a sus amigos.

Pero ahora alguien debía ayudar a Pericles, pues el Culto iba tras él. Pericles afirmó estar al tanto gracias a Heródoto, pero le preocupaba más el futuro de Atenas[29].

"Esparta es real. La amenaza del Culto, ambigua".

A pesar de la insistencia, el hombre restó importancia al asunto. Febe reapareció por orden de Aspasia, pues Pericles ya estaba tardando.

Este dio fin a la charla y bajó las escaleras, no sin antes agradecer a la misthios por su ayuda. Ella hizo lo propio y se dispuso a abandonar el lugar, no sin antes volver por sus cosas y despedirse de Febe[29].

Médicos y sacerdotes[editar | editar código]

Buscando a Hipócrates[editar | editar código]

Argos, la tierra de Eurípides, fue el segundo lugar por visitar. En la clínica, Kassandra no encontró a Hipócrates pero sí a una anciana que, a base de gritos, amenazaba a un joven galeno. El tipo insistía en que no sabía dónde estaba su maestro.

La mujer, llamada Crisis, era una sacerdotisa de Hera. Según ella, Hipócrates debía mostrar humildad y postrarse ante los dioses admitiendo que su habilidad curativa era de origen divino. Todo en aras del orden público.

Kassandra, y Crisis, preguntado por Hipócrates.

Para Sóstrato, tamaña exigencia solo entorpecería su labor pero Crisis culminó su amenaza advirtiendo que los dioses podrían "cobrarse su venganza". Dicho esto, se marchó afirmando que el establecimiento de Hipócrates tenía los días contados si no pedía disculpas públicas[32].

El joven se sintió aliviado en cuanto la anciana se alejaba. Cuando Kassandra preguntó por lo sucedido, Sóstrato explicó que su maestro había huido al sureste para seguir atendiendo enfermos.

Con esa información, la misthios se dispuso a encontrarlo. Antes de irse, Sóstrato le pidió llevar una bolsa con instrumentos que olvidó al marcharse. Ella aceptó el encargo, pudiendo cobrar o no.

Finalmente, el chico señaló que Hipócrates se hallaba al sureste de la vigía de Hera, junto a la gruta de Pan. Una larga fila de enfermos y su prominente calva lo harían inconfundible[32].

Cuando lo encontró, se hallaba justamente atendiendo a un paciente. El hombre estaba muy ocupado pero decidió escucharla en cuanto recibió la bolsa de suministros. Kassandra preguntó sobre su madre, pero el galeno no supo identificarla; quizá en el santuario de Asclepio podrían ayudarla.

Lo primero, no hagas daño 20.PNG

La mercenaria insistió, pero Hipócrates estaba centrado en su paciente. Si le ayudaba a recuperar sus notas sobre enfermedades mentales, respondería sus preguntas. Estaban en el fuerte de Tirinto, por orden del comandante del ejército local.

Kassandra prometió volver con ellas. Hipócrates le deseó suerte y pidió no matar innecesariamente[32].

Los sacerdotes de Asclepio[editar | editar código]
¿Por qué tenían que ser serpientes?[editar | editar código]

En el centro del Valle de los sueños se hallaba el santuario de Asclepio, dedicado al dios de la medicina. En la entrada, un sacerdote desataba su mal humor.

La misthios, que decidió indagar sobre su madre, fue al rescate. El malhumorado hombre gritó "¡Serpientes!" pues aquellas criaturas, que usaban para tratamientos, habían invadido los baños del templo. Un paciente ya había muerto, no por su mordedura sino por el susto que recibió.

"Crisis nos amenazó, no podemos hablar con la portadora del águila".

Kassandra aceptó deshacerse de ellas a cambio de información. El sacerdote aceptó de inmediato ya que los baños purificadores eran cruciales para su oficio, pero pidió no matar a los bichos o Dorieo, su cuidador, se molestaría[2].

El problema fue resuelto, quedando a elección el modo de solución: eliminando a las serpientes o llenando el baño de agua fría[33]. Al volver, Kassandra reclamó respuestas... pero Pilenor echó a reír pues nunca las tuvo. "El que sabe de eso es Midón, pero no te lo va a contar. ¡No le va a contar nada a nadie!", respondió antes de marcharse.

La joven fulminó con la mirada al sujeto, y se marchó en busca de ese tal Midón[33].

Recuerdos en piedra[editar | editar código]

En otra área, otro sacerdote picaba sobre la piedra con un instrumento. En cuanto la mercenaria delante de él preguntó por su madre, alegó amablemente que su memoria era muy frágil por su edad.

La misthios entonces preguntó para qué servían aquellas losas. Timoxeno señaló que eran los registros del santuario, donde documentaban el paso de cualquier visitante.

Grabado en piedra 04.PNG

Así las cosas, Kassandra solo necesitaba buscar entre las tablillas para encontrar el nombre de su madre. El anciano reconoció que era una alternativa razonable, pero ahora dijo estar muy ocupado.

Ella, consciente de que estaba mintiendo, insistió. Acorralado, el sacerdote señaló que todos en el santuario habían sido advertidos por Crisis. De hablar con la portadora del águila, irían directo con Hades; pero el hombre estaba dispuesto a ayudar así que le pidió caminar con discreción[34].

Con Timoxeno por delante, Kassandra fue hacia las distintos registros del templo. Cada historia parecía sacada de un cuento, con métodos totalmente opuestos a la racionalidad de Hipócrates. Asimismo, conoció más sobre el pasado de Crisis. Finalmente, en el tercer intento, Timoxeno encontró una descripción que rezaba: "De Esparta. Vino con un bebé buscando la piedad de los dioses".

La misthios notó que casi todo el texto estaba tachado. Por fortuna, el hombre recordaba lo que sucedió: la espartana llegó sucia y magullada, por lo que le brindaron comida y un baño antes de marcharse con rumbo desconocido. Sin embargo, el niño que traía consigo no sobrevivió[34].

Antes de que pudieran continuar, otro sacerdote se acercaba. Timoxeno, temeroso, le pidió buscarlo en el olivar de Heracles ubicado en la entrada del santuario.

Pleistos, el otro sacerdote, se paró en medio de ellos sospechoso. Sin dejar de mirarlos fijamente, preguntó de qué hablaban tan animadamente. Kassandra tuvo que responder, y el destino de su informante dependía de lo creíble que fuera su excusa.

"Crisis tenía razón. Conocías las normas, Timoxeno, y ahora conocerás su ira".

En cualquier caso, la mercenaria encontraría a Timoxeno en el olivar; pero no sería el único presente ahí. Acompañado de un guardia del culto, Pleistos la siguió dispuesto a cumplir con las órdenes de Crisis. Lanza en mano, Kassandra se dispuso a detenerlos.

Una vez muertos los matones, la misthios volvió al santuario para preguntar a alguien más[34].

Sacrificio para Asclepio[editar | editar código]

Ante la vista de sus padres, una pequeña agonizaba. El sacerdote, impotente, rogaba para que Asclepio aliviara su sufrimiento. Kassandra, que vio la escena, preguntó curiosa.

El hombre señaló que varios atenienses habían llegado al santuario con los mismos síntomas. Aquel mal se extendía con cada día, pero ningún sacrificio daba resultado. Según el sacerdote, necesitaban un animal excepcional para llamar la atención de los dioses.

Justo en aquellos días se rumoreaba la presencia de un toro blanco rondando el santuario. Si Kassandra quería ayudar, debía dirigirse hacia la costa oeste y traerlo con vida. "Ofreceremos a los dioses un sacrificio que no podrán ignorar", concluyó.

La mercenaria se dirigió al monte Córifo, tal y como señaló el sacerdote. Pero el animal se hallaba tumbado en el suelo sin vida, y un grupo de bandidos rondaba las ruinas. Para que el viaje no fuera en vano, decidió llevarse el corazón de la bestia.

El sacerdote no recibió muy satisfecho la noticia, pues el toro había muerto contra su voluntad y no podrían salvar más de una vida con aquel órgano. Como moscas a la miel, llegaron tres enfermos: un granjero, dueño del toro y cuya granja abastecía a media Argólide; una viuda rica, madre de dos niños, que no quería morir por la misma enfermedad que su esposo; y la niña que continuaba echada sobre el suelo.

Kassandra debía decidir cuál de aquellos tres desconocidos sobreviviría y el sacerdote, a su lado, respetó su elección[35].

Las notas[editar | editar código]

El fuerte se hallaba notablemente resguardado. Dentro, un galeno llamado Dimas examinaba a su paciente hasta que Kassandra lo sorprendió. Evidentemente las patrullas no la detuvieron.

Lanza en mano, la misthios reclamó las notas. Dimas afirmó que se habían perdido en un incendio, aunque consiguió memorizarlas. Iba a transcribirlas en cuanto tuviera tiempo o la guerra lo permitiese.

Reclamando las notas de Hipócrates.

La vida de ambos pacientes, el de Hipócrates y el de Dimas, pendía de un hilo. Kassandra podía esperar, sobornar a Dimas o forzarlo a ir con ella. Tuvo que decidir[36].

Lamentablemente, la misthios se había tomado mucho tiempo en su visita al santuario y el paciente de Hipócrates no resistió. En cualquier caso, Dimas prometió transcribir las notas cuanto antes.

Recordando su promesa, Hipócrates recordó su encuentro con Mirrina. En ese entonces, joven e inexperto, no supo cómo ayudarla y la envió con los sacerdotes de Asclepio. Pero su expresión fue tan impactante que juró no fallar a un paciente nunca más.

Asimismo le recomendó visitar a Dolopión, un sacerdote dedicado al cuidado de huérfanos. Quizá él sabía más de Mirrina y su hijo perdido. Kassandra agradeció y fue en búsqueda de aquel hombre[36].

Heteras y cultistas[editar | editar código]

Buscando a Antusa[editar | editar código]

Ahora en Corinto, era momento de indagar en la pista de Alcibíades. Dado que Antusa no estaba a la vista, tocó buscar rastros en el Porneion[37].

Un civil en la zona fue el primer interrogado. Las heteras habían sido obligadas a salir del mercado de Corinto por alguien cuyo nombre temía pronunciar, y mucho menos se permitía su presencia en la casa del líder. Asustado, el hombre juró que no había visto a ninguna de ellas.

Una meretriz cerca fue de más ayuda. Las heteras se hallaban en el Acrocorinto, junto al templo de Afrodita.

En cuanto llegó a lo alto de la colina, vio a un grupo de matones interrogando a unos fieles. También buscaban a las heteras, y no con buenas intenciones. Kassandra debía deshacerse de ellos si quería respuestas.

Una vez a salvo, los fieles hablaron. Los rufianes eran hombres del Mercader, y las heteras se habían marchado en cuanto los vieron acercarse.

"Nada escapa de los hombres del Mercader en Corinto".

El Mercader era el amo del contrabando, y solo le importaba el poder y su dinero. "¡Un monstruo codicioso y sanguinario, eso es lo que es!", señaló furiosa la mujer. Como las heteras producían mucho dinero, estaba dispuesto a controlar su negocio también[37].

Kassandra aprovechó para preguntar por Antusa, pero nadie la había visto. Según el hombre, las heteras podrían ayudarla. La fuente de Pirene era el lugar donde se reunían con sus clientes.

En efecto, allí estaba Antusa. Y con solo una mirada, ya sabía quién era Kassandra. Sus chicas la vieron en el templo de Afrodita, por tanto sabían que era alguien confiable.

"Además, alguien nos habló muy bien de ti", continuó. Enseguida, la misthios escuchó una vocecita muy familiar: Febe. Aspasia la había enviado como su emisaria para informar a Antusa de su llegada. De acuerdo o no, Kassandra no podía contradecir las órdenes de la mujer de Pericles.

Antusa pidiendo ayuda para detener al Mercader.

Antusa recomendó ir a un lugar más privado y la niña les siguió el paso. Kassandra explicó la razón de su visita, y la hetera accedió a darle respuestas previo intercambio de favores. El Mercader había contratado un ejército de matones y, aunque no habían lastimado a ninguna hetera, Antusa quería adelantarse y tener el poder suficiente para deshacerse del tirano.

Kassandra accedió, y el primer paso era ayudar a Damalis y Erina. Ambas estaban siendo presionadas por hombres del Mercader. Aparte, podía destruir sus suministros en el puerto de Lequeo[37].

Las piratas de Xenia[editar | editar código]

Coresia fue el lugar donde la pista de Aspasia llevó a Kassandra. Antes de tocar la puerta, vio a una enorme mujer expulsando a un esclavista de la ciudad. Aquella era Xenia[38].

La pirata se mostró dispuesta a compartir información, pero al costo de 15000 dracmas. Aquel dinero serviría para gestionar el lugar y mantener a sus ciudadanos protegidos de la guerra. De acuerdo a su situación, la misthios pudo pagar ahí mismo o realizar trabajos en la zona para ganar algo.

"Yo vi en ella una vida mejor, y ella vio en mí la libertad. Las olas eran nuestras".

En cuanto tuvo la suma, Xenia reveló satisfecha lo que sabía. Mirrina había navegado en su tripulación bajo el nombre de Fénix, pero su preocupación por la política y el desarrollo del conflicto la motivó a dirigirse al sureste. Desde entonces no la había vuelto a ver.

Kassandra no podía creer que su madre fuera pirata, pero al menos tenía información. Agradeció y se despidió de la almirante, quien le recordó que siempre habría sitio para ella en Ceos[38].

Guardiana de la Atlántida[editar | editar código]

La llamada de Alétheia[editar | editar código]

De pronto la voz de Alétheia llamó a la misthios. Consciente de que no se trataba de cualquier cosa, se dirigió al lugar donde la conoció: la Atlántida.

La llamada de los Isu 1.PNG

Efectivamente, la figura luminosa la esperaba en el umbral. Explicando que ahora venía la parte más importante de su tarea como portadora del cetro, le preguntó si estaba lista. Kassandra, sin dudar, respondió que sí[39].

Tras derramar un poco de sangre sobre una puerta lateral, ingresó a una sala rodeada de antiguos tronos. En el centro, Alétheia explicó que había modificado la tecnología del lugar para albergar sus simulaciones con el fin de que la guardiana se fortaleciera y soportara el poder del cetro. Una versión del inframundo la esperaba, con el Elíseo como primera parada. Su objetivo era buscar unas fuentes de energía llamadas "saber de los guardianes".

Kassandra, incrédula ante el misterio de la situación, aceptó y se dirigió al primer portal[40].

Los Campos Elíseos[editar | editar código]

Bienvenida al Elíseo 2.PNG

Bienvenida[editar | editar código]

En un lugar ubicado en ninguna parte, un perro olisqueaba y lamía a la recién llegada; luego volvía con su ama, Perséfone. Extrañada ante la presencia de la mercenaria chasqueó los dedos y envió a sus soldados acabar con ella[41].

Rodeada de enemigos, Kassandra debió abrirse paso ante aquellos guerreros que parecían hechos de piedra. Ya no solo debía esquivar flechas y espadas sino también rayos de energía y explosiones. Aun así consiguió salir victoriosa mientras un hombre la observaba.

Presentándose como Hermes, reconoció el cetro que ella llevaba, describiéndolo como su mejor creación. Sabiendo el porqué de su presencia explicó que la única salida del Elíseo era a través de Perséfone, por lo que si quería ganarse su confianza debía "demostrar su valía". Con rumores de altercados al sur de la zona, podía aprovechar la oportunidad.

Kassandra y Hermes en el Corazón del Elíseo.

Antes de retirarse, Hermes le recomendó buscar sus fuentes de energía si quería aumentar el poder del cetro. Asimismo señaló que había inventado un medio de transporte para los humanos: las alas de Hermes. Dicho esto, avisó de que la esperaría en la Fe de Minos para oír sus avances y se marchó[41].

Gestando una rebelión[editar | editar código]
El rebelde hermoso[editar | editar código]

Al llegar a la Herencia de Deucalión, Kassandra pudo observar una discusión entre el insurgente y Hermes. El primero quería irse del Elíseo pero Perséfone se lo impedía[42].

Luego de que el tipo recibiera un golpe, se acercó. Ofreciendo su ayuda para hallar el modo de salir, descubrió que se trataba del mismísimo Adonis por lo que si quería ganarse su confianza debía atacar la fortaleza de las Tres Hermanas. De esa forma comenzaría a mermar el poder de Perséfone.

Adonis contando sobre Afrodita.

Una vez tomada la fortaleza, Adonis se alegró porque cada guardia menos era un paso más cerca de su amada Afrodita. Su siguiente paso lo conversarían en las ruinas de Jápeto, y le recordó que Perséfone tenía supervisoras y antorchas de Hipnos por todo el Elíseo. Si querían deshacerse de ella, necesitarían toda la ayuda posible[42].

La mejor amiga de Perséfone[editar | editar código]

Ocultándose en el templo hundido de Ferea, Kassandra pudo oír una animada conversación entre Perséfone y Hécate descubriendo que eran amigas cercanas. Sin embargo, una vez la esposa de Hades se marchó, Hécate se dirigió a la mercenaria recordándole su misión.

Sin rodeos, le entregó una llave al santuario de Perséfone para que obtuviera un diario donde podría haber información de la salida del Elíseo. Explicándole que ambas buscaban lo mismo, le pidió conseguirlo[43].

Hécate leyendo el diario del cerrajero.

Extrañada por el giro de los acontecimientos, Kassandra fue allí y obtuvo sin problemas el diario. De vuelta en el templo de Ferea, Hécate lo leyó revelando que en realidad pertenecía a un cerrajero aunque le faltaban páginas. Impaciente, la portadora del águila reclamó respuestas. Como el diario no revelaba la ubicación de la puerta, de momento su mejor estrategia era mantener la alianza con Adonis[43].

Hécate cumpliría su parte señalando las debilidades de Perséfone en el momento justo. Dicho esto le ordenó irse.

Curiosidades[editar | editar código]

  • El nombre Kassandra posiblemente proviene de los términos κέκασμαι (kekasmai) que significa "radiante", y ἀνήρ que significa "hombre". Ambos, en un juego de palabras, se traducirían como "la que brilla sobre los hombres".
    • Asimismo puede ser una referencia a la princesa Casandra de Troya, que tras rechazar a Apolo fue castigada con la habilidad de prever el futuro sin que nadie creyera sus palabras.
  • Kassandra es uno de los dos protagonistas a elegir de Assassin's Creed: Odyssey, además de Alexios.
    • Independientemente del personaje que elija el jugador, la historia es la misma. En caso de elegir a Alexios como protagonista, Kassandra pasaría a ser la hermana menor y por tanto se convertiría en Deimos.
    • Pese a ello, la novela confirma que Kassandra es el protagonista canónico.
    • Kassandra cuenta con las mismas opciones de romance y encuentros sexuales que Alexios de ser elegida protagonista.
  • Kassandra tenía una cicatriz en el labio superior, igual que Bayek de Siwa, Altaïr Ibn-La'Ahad y Ezio Auditore.
  • Para diciembre de 2018, solo un tercio de jugadores había elegido a Kassandra como protagonista, sorprendiendo al director Scott Philips ya que en las fases de prueba el nivel de preferencia era de un 50/50[44].

Apariciones[editar | editar código]

Galería[editar | editar código]

Fuentes y/o referencias[editar | editar código]

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 Assassin's Creed: Odyssey - Preguntar a un fantasma
  2. 2,0 2,1 Assassin's Creed: OdysseyLos sacerdotes de Asclepio
  3. Assassin's Creed: Odyssey - La serpiente de la hierba
  4. Assassin's Creed: Odyssey - Antiguas revelaciones
  5. Assassin's Creed Odyssey: El legado de la primera hoja - Capítulo 1: A la caza - Protector de Persia
  6. Assassin's Creed Odyssey: El legado de la primera hoja - Capítulo 2: Una dinastía en la sombra - Hogar
  7. Assassin's Creed: Odyssey - La destrucción de la Atlántida
  8. Assassin's Creed: Odyssey, la novela - Prólogo
  9. 9,0 9,1 9,2 9,3 9,4 Assassin's Creed: Odyssey - Hora de cobrar las deudas
  10. 10,0 10,1 10,2 10,3 10,4 10,5 10,6 Assassin's Creed: Odyssey - El despertar de los recuerdos
  11. 11,0 11,1 11,2 11,3 11,4 Assassin's Creed: Odyssey - Echarse a la mar
  12. 12,0 12,1 Assassin's Creed: Odyssey - Háblame, oh, musa
  13. Assassin's Creed: Odyssey - Madera de misthios
  14. 14,0 14,1 Assassin's Creed: Odyssey - Ojo por ojo
  15. 15,0 15,1 15,2 Assassin's Creed: Odyssey - Visitantes indeseados
  16. 16,0 16,1 Assassin's Creed: Odyssey - El sudario de Penélope
  17. Assassin's Creed: Odyssey - Un periplo hacia la guerra
  18. 18,0 18,1 Assassin's Creed: Odyssey - El último empujón
  19. 19,0 19,1 19,2 Assassin's Creed: Odyssey - El Lobo de Esparta
  20. Assassin's Creed: Odyssey - Hacia Fócida
  21. 21,0 21,1 Assassin's Creed: Odyssey - El destino del Lobo
  22. 22,0 22,1 Assassin's Creed: OdysseyLa verdad saldrá a la luz
  23. 23,0 23,1 Assassin's Creed: OdysseyLa serpiente en la hierba
  24. 24,0 24,1 24,2 24,3 Assassin's Creed: OdysseyLa guarida de la serpiente
  25. Assassin's Creed: Odyssey - Bienvenidos a Atenas
  26. 26,0 26,1 26,2 Assassin's Creed: Odyssey - Encuentro venenoso
  27. 27,0 27,1 Assassin's Creed: Odyssey - Huida de Atenas
  28. 28,0 28,1 Assassin's Creed: Odyssey - Ostracismo
  29. 29,0 29,1 29,2 29,3 29,4 29,5 29,6 29,7 Assassin's Creed: Odyssey - El simposio de Pericles
  30. 30,0 30,1 30,2 Assassin's Creed: Odyssey - Empina el codo
  31. 31,0 31,1 Assassin's Creed: Odyssey - Aceite y amor
  32. 32,0 32,1 32,2 Assassin's Creed: OdysseyLo primero, no hagas daño
  33. 33,0 33,1 Assassin's Creed: OdysseyYa basta
  34. 34,0 34,1 34,2 Assassin's Creed: Odyssey - Grabado en piedra
  35. Assassin's Creed: Odyssey - Un corazón por una cabeza
  36. 36,0 36,1 Assassin's Creed: OdysseyEl doctor lo atenderá enseguida
  37. 37,0 37,1 37,2 Assassin's Creed: OdysseyEn busca de una chica
  38. 38,0 38,1 Assassin's Creed: OdysseyLa isla del infortunio
  39. Assassin's Creed Odyssey: El destino de la Atlántida - Capítulo 1: Campos del Elíseo - La llamada de los Isu
  40. Assassin's Creed Odyssey: El destino de la Atlántida - Capítulo 1: Campos del Elíseo - Las pruebas de la guardiana
  41. 41,0 41,1 Assassin's Creed Odyssey: El destino de la Atlántida - Capítulo 1: Campos del Elíseo - Bienvenida al Elíseo
  42. 42,0 42,1 Assassin's Creed Odyssey: El destino de la Atlántida - Capítulo 1: Campos del Elíseo - Amante y guerrero
  43. 43,0 43,1 Assassin's Creed Odyssey: El destino de la Atlántida - Capítulo 1: Campos del Elíseo - Un giro inesperado
  44. IGN España - Los usuarios de Assassin's Creed: Odyssey eligen más a Alexios

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