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Élise de la Serre (1768 - 1794) fue una Templaria francesa que perteneció a la familia De la Serre. Hizo sus estudios en la Maison Royale de Saint-Louis. Cabe destacar que, pese a que convivió con Arno Dorian desde 1776 como si fuesen hermanos, oficialmente nunca llegaron a ser hermanastros.

A sus 6 años de edad los Carroll (una de las familias Templarias más importantes de Inglaterra) contrataron a Bernard Ruddock para que asesinase a su madre, Julie de la Serre. Ambas salieron de aquel intento de asesinato con vida, aunque esto influyó en gran medida en su futuro. En 1788 Frederick Weatherall consiguió encontrar a Ruddock gracias a sus contactos. Poco después de su regreso a Francia, se celebró en Versalles su iniciación en la Orden. Ese mismo día fue cuando su padre, François de la Serre, fue asesinado. Desde este momento fue Gran Maestre de los Templarios franceses. A partir de entonces centró toda su atención en vengar la muerte de su padre. Se alió con Arno Dorian, puesto que ambos compartían dicho objetivo. Élise creía que era posible una tregua entre Asesinos y Templarios, esto se debe a las cartas que Jennifer Scott le dio junto a un collar. Dichas cartas fueron escritas por su hermano, Haytham Kenway, y en ellas hablaba, entre otras cosas, de la posibilidad de una alianza entre Asesinos y Templarios. El collar había sido un regalo para Jenny, pero puesto que se trataba de un collar Templario lo guardó para dárselo a la persona indicada, ya que ella no formaba parte de la Orden de los Templarios.

Biografía

Antes de la muerte de su padre

Niñez

A los 5 años de edad la internaron en un convento, pero pronto la sacaron ya que la Madre Superiora la castigaba con la vara por ser una niña conflictiva.

Cuando tenía tan solo 6 años conoció a Frederick Weatherall, alguien muy cercano a su madre. Mientras los tres caminaban junto a Scratch, la mascota de la familia, estuvieron a punto de ser atacados por un lobo. En primavera de ese año la familia Carroll viajó desde Londres debido a una reunión entre Peter Carroll y François de la Serre. Mientras tanto, Élise y Julie dieron un paseo por los jardines con la señora Carroll y su hija May, que para aquel entonces tenía 10 años. Esta mencionó algo sobre su destino, aunque Élise aún no sabía a que se refería.

Cuando tenía 8 años, en un intento de asesinar a Julie de la Serre ambas fueron asaltadas al salir de comprar zapatos, aunque esta insistió en que no se trataba de los Asesinos. tras aquel suceso se vieron obligados a contarle a Élise que su familia pertenecía a la Orden de los Templarios y que, algún día, ella sería Gran Maestre. Además Élise llevaba un tiempo entrenando sus habilidades de combate con Weatherall. En diciembre de ese año tuvo lugar el asesinato de Charles Dorian en Versalles, lo que supuso que Arno empezara a vivir con la familia De la Serre.

En 1778 su madre se estaba muriendo. Arno no tenía mucha relación con ella, aunque Élise pasó mucho tiempo a su lado durante sus últimos días de vida. Poco más de una semana antes de que su madre muriera, Élise recibió una nota de Weatherall que decía que deseaba reunirse con Julie en la biblioteca a medianoche sin que nadie lo supiera. Antes de morir, Julie le dijo a Élise que su muerte le hacía vulnerable a François y debería ayudarle. Además le aseguró estar orgullosa de ella y que algún día sería Gran Maestre. Ese mismo año fue cuando la comunicaron no sólo que se iniciaría en la Orden de los Templarios tras completar sus estudios, sino que Arno era descendiente de Asesinos. Debido al temor que tenían de que estos lo encontrasen algún día François quería "guiar" a Arno, pero a Élise no le gustaba la idea y sugirió hacerlo ella.

Estudios

Maison Royale

La Maison Royale de Saint-Louis (o Palais de la Misère según Élise) es el lugar dónde realizó la mayor parte de sus estudios. Pasaba allí todo el día y sólo podía volver a su casa en vacaciones. Como es de esperar sí que podía recibir visitas, aunque Madame Levene siempre estaba presente y no se iba aunque se lo pidiesen. Pese a esto, la única forma que tenía para comunicarse con Arno era mediante cartas. Esto se convirtió en un gran inconveniente durante una visita de su padre en 1787. François la preguntó sobre lo acordado respecto a Arno, aunque se limitó a hacerse la loca. Acabó aceptando pese al miedo que tenía a perderlo, ya que la dijo que si ella no hacía nada lo haría él mismo. Puesto que era bastante problemática también la sugirió mejorar su comportamiento.

En enero del año siguiente (1788) Élise tuvo una pelea, lo que supuso que Madame Levene mandara una carta a Versalles. Esta le comentó a Élise que esta vez su padre había mandado a un emisario en vez de venir él mismo, algo que la molestó bastante. Casi dos semanas más tarde vino el comisario; se trataba de Weatherall, quien había cogido la carta antes que François y decidió ir él mismo sin que este lo supiera. Esta vez Levene se quedó fuera ya que, en teoría Weatherall iba a tomar las medidas que considerase adecuadas. Entre otras cosas, hablaron sobre la persona que había intentado asesinar a su madre varios años antes. Se trataba de Bernard Ruddock, un Asesino excomulgado. La comentó que iría a Londres a buscarle, ya que se encontraba por allí y los Carroll podrían ayudarle. Élise intentó convercerle para acompañarle puesto que sólo la quedaba un año y podría ser un "viaje de estudios".

Unos pocos días después se enteró mediante Judith, una compañera de la Maison Royale, que Madame Levene tenía un amante en el bosque. Élise decidió poner en práctica su entrenamiento para conseguir información suficiente como para chantajearla. La siguió hasta la casa de Jacques, el jardinero; pasaron un par de días, cuando inesperadamente Judith la avisó de que Madame Levene quería verla en su oficina. Era la oportunidad perfecta para chantajearla y conseguir, a cambio de su silencio, una carta para su padre explicando que se trataba viaje de estudios. Lo que no se esperaba es que el verdadero motivo por el que la había hecho venir no era el que le había dicho a Judith. Se sacó el diario de Élise de su escritorio y confesó haber leído lo justo como para saber que pretendía chantajearla. Esto la enfadó muchísimo. Afirmó que la había visto seguirla la otra noche y que Jacques no era su amante, sino su hijo. Pese a todo escribiría la carta, ya que esperaba un cambio en su comportamiento tras su regreso de Inglaterra.

Viaje a Inglaterra

De Saint-Cyr se dirigió a los muelles de Calais. Al salir el cochero la avisó de que era peligroso estar por allí a esas horas; debía llevar el bolso escondido y no acercarse a las tabernas, aunque era precisamente eso lo que pretendía hacer. Debía encontrar a alguien que la llevase a Londres por la mañana. Entró a una taberna y acabó teniendo una pelea con unos hombres que allí se encontraban. Fue un hombre medio borracho quien la salvó, matando a uno de los matones con la espada corta de Élise. Tras esto, ella salvó a a una joven llamada Hélène de ser raptada por otro de los matones. La dijo que debía encontrar a su gente, a lo que respondió que no tenía a nadie y ahora era suya. Aquel hombre medio borracho se llamaba Byron Jackson, y es quien finalmente las llevó a ambas a Londres. Durante el camino le enseñó algunos modales a Hélène para que no levantase sospechas al hacerse pasar por su criada. Después estuvo hablando con Élise; le comentó que estaba prometida y, pese a que no era verdad, fue en ese momento cuando se dio cuenta de que amaba a Arno.

Tres días después de partir finalmente llegaron a Londres. Se despidieron de Byron Jackson e inmediatamente se dirigieron a la casa de los Carroll, en Mayfair. Allí estaban Peter Carroll y su esposa, la señora Carroll, junto a su hija May, que no perdió la oportunidad de llamarla apestosa, y Weatherall. Tras instalarse tomó prestado unos vestidos de May, que intentó por todos los medios dejar claro que estaban pasados de moda. Mientras tanto Hélène estaba abajo con los sirvientes. Weatherall, que debía actuar como si estuviese al tanto de su llegada, la informó sobre su misión de infiltrarse en la casa de Jennifer Scott. Puesto que no tenía otra opción acabó aceptando, aunque no le hacía mucha gracia ya que era la futura Gran Maestre de Francia. Era consciente de que era una misión difícil, aunque si quería que los Carroll la ayudasen a encontrar a Ruddock debía llevarla a cabo. Ese mismo día le escribió una carta de amor a Arno.

Pese a que los Carroll no estaban a favor de que Hélène acompañase a Élise en su misión Weatherall consiguió convencerles de lo contrario. Se haría pasar por Yvonne Albertine. Llegaron a la casa de Jennifer, que para esa época tenía más de 70 años. Esta la dijo que conocía a su padre y a su abuela, Lucio y Mónica Albertine, a lo que, haciéndose pasar por Yvonne, respondió que ya habían muerto. También le recordó que su padre Lucio hirió a su hermano Haytham, aunque siempre se arrepintió de ello. Más tarde la llevó a su habitación. Desde la ventana veía Queen Square, donde estaba Weatherall. La mañana siguiente Smith, el mayordomo, le dijo a Élise que Jennifer se encontraba mal y estuviese como en casa. Ese mismo día, sobre las once, salió a ver a Weatherall, quien le informó de su misión de conseguir las cartas que Haytham le había enviado a Jennifer años antes. Cuando volvió Smith la dijo que la próxima vez debía avisar ya que, desde el asalto a la mansión Kenway, Jennifer insiste en que las puertas estuviesen bloqueadas en todo momento. Los siguientes días fueron muy similares, solo que ahora estaba al tanto de cuál era su misión. Estaba convencida de su mejor oportunidad sería conociendo bien a Jennifer. El cuarto día esta salió de su habitación y le comunicaron a Élise que debía encontrarse con ella en los establos. Allí había mucha gente además de Jennifer. Cuando se encontró con ella le preguntó a Élise si eso es lo que esperaba ver en Londres, "idiotas cuyos horizontes apenas llegan más allá de los muros de ese parque". Le respondió que no, había venido por el último deseo de su padre antes de morir. Tras hacerle ciertas preguntas a Élise, Jennifer empezó a hablar sobre su padre Edward Kenway y su hermano Haytham. Luego llegaron a la Mansión Kenway e inmediatamente la llevó a la sala de juegos. Durante esos cuatro días había tenido el tiempo que necesitaba para confirmar su teoría; algunas de las cosas que dijo Élise no coincidían con lo que ocurrió en realidad. A Lucio y Mónica Albertine les habían degollado mientras dormían hacía unas cuatro semanas. Además Hélène les había dicho cuál era su nombre real, ya que la hicieron creer que Élise estaba en peligro. La preguntó que para qué quería las cartas. Tras contarle de nuevo la historia de su secuestro la preguntó que cuál creía que era el cagtigo de los Asesinos para los espías Templarios. Jennifer admitió que veía bien en ella, por lo que le dio las cartas a cambio de que la dejasen en paz, ya que estaba cansada del conflicto entre Asesinos y Templarios, y de que las leyese. También le dio un collar con una cruz Templaria que le Había regalado Haytham y no quería; ella opinaba que debía ser para un Templario, quizás uno como Élise. Finalmente se llevaron a Hélène a otra sala y le dieron a Élise dos horas para leer todas las cartas, lo que la hizo cambiar su forma de pensar ya que estaba de acuerdo con lo que decía Haytham en ellas.

Fuera las esperaba un carruaje. Durante el camino Élise aprovechó para disculparse con Hélène, aunque ella no se arrepentía ya que lo que aquellos hombres hubieran tenido planeado para ella en Calais hubiese sido peor. Al llegar a la casa de los Carroll notaron que había cierta actividad fuera. Consiguió llamar la atención de Weatherall, que no solo la informó de que habían encontrado a Ruddock sino que la reveló el lugar. Le dijo al cochero que llevase a Hélène a Dover e inmediatamente se subió a otro para ir a donde se encontraba Ruddock. Debían llegar rápido, ya que detrás estaban los carruajes en los que iban Weatherall y los Carroll. Al llegar habló con un tabernero que la reveló que estaba usando el nombre Gerald Mowles y se encontraba en la primera habitación a la izquierda. Subió las escaleras y entró a su habitación, aunque en vez de vengarse le salvó diciéndole que saliera por la ventana. Poco después llegaron los Carroll, a quienes les dijo que no sabía dónde estaba Ruddock. Estuvieron hablando sobre el contenido de las cartas de Haytham, aunque no les gustaba lo que habían oído y optaron por tirarlas al fuego tan pronto como Élise se las dio. Después les acusó de estar tras el intento de asesinato de su madre debido a las ideas progresistas que esta tenía. Eran conscientes de que algún día sería Gran Maestre, y puesto que sostenía principios contrarios a los suyos no podían dejarla salir de Inglaterra. Peter Carroll llamó a su hija May para hacer los honores y probar sangre por primera vez, aunque esta batalla fue bastante corta ya que fue asesinada rápidamente por Élise. Weatherall y ella tuvieron combatir contra los espadachines de los Carroll, aunque pronto se vieron obligados a huir por la ventana y dirigirse hacia el puerto de Dover. Weatherall, que se había llevado un tiro en la pierna durante la huída, le advirtió de que irían a por ella a modo de venganza por haber matado a su hija. Por suerte las verdaderas cartas de Haytham se las había quedado ella; las que habían echado el fuego eran algunas de sus cartas para Arno.

Regreso a Francia

Al llegar Francia se dirigieron hacia la Maison Royale. Por un segundo Élise no estuvo segura de que Madame Levene les fuera a ayudar, después de todo era consciente de todos los problemas que le había causado. Sin embargo, cuando esta abrió la puerta no dudó ni un momento. Allí tenían una enfermera, aunque hubo que llamar a un doctor para que le cortase la pierna a Weatherall. Jacques y Élise le sujetaron mientras el doctor hacía su trabajo. Para mantener las apariencias volvió al colegio, donde había sido el objetivo de numerosos rumores y cotilleos durante los últimos meses. Decidió volver a leer las cartas de Haytham y enviarle una carta a Jennifer para disculparse y presentarse. En dicha carta también afirmó que haría todo lo posible para lograr la paz entre Asesinos y Templarios.

La tarde del 6 de diciembre Weatherall y ella se dirigieron a Cháteaufort con la intención de ir al lugar que este llamaba su "escondrijo"; aún no sabían quién contrató a Ruddock y aquel lugar le ayudaba a llevar sus negocios sin facilitar su localización exacta. Oficialmente Élise estaba completando se educación y Weatherall estaba en algún lugar desconocido. Este comentó que los Carroll no harían un asunto oficial el asesinato de su hija, puesto que en ese caso deberían explicar que intentaron asesinar a la hija del Gran Maestre francés y futura Gran Maestre de Francia. Eventualmente llegaron a la tienda de quesos donde se situaba su "escondrijo". Una vez dentro revisaron si había alguna correspondencia para ellos; en la carta que encontraron descubrieron que, contra todo pronóstico, Ruddock había vuelto a usar el alias Gerald Mowles.

Varias semanas más tarde se dirigió a una taberna preguntando por un tal Bernard. Estaba a punto de llegar él, cuando se puso delante suyo un hombre que decía ser su guardaespaldas. Tuvieron un enfrentamiento en el que Élise le acabó dejando fuera de combate; tras esto salió fuera junto a Bernard, quien le dijo que Mowles (Ruddock) estaba en una aldea situada en las afueras de Ruán, sentenciado a muerte y a punto de ser ahorcado. Antes de ir a salvarle Weatherall le dijo que si lo encontraba no debía llevarlo a su "escondrijo". Puesto que los pueblerinos no tenían ninguna autoridad como para condenarle a muerte no fue demasiado difícil salvarle. Tras esto le pidió a un hombre que subiese a Ruddock a su caballo e inmediatamente huyeron. Una vez estuvieron lejos de aquel lugar Ruddock empezó a recobrar la consciencia; por fin podría preguntarle por el intento de asesinato, aunque por deagracia lo único sabía al respecto es que alguien le había contratado en el Café Procope (París). Tras una amenaza Élise le dio seis meses para averiguar de quién se trataba.

Casi tres meses después volvió a su casa. Se despidió de Madame Levene, Jacques, Hélène y Weatherall, quien le dijo que podía dejar su espada corta, el cuidaría bien de ella; a cambio le ofreció un alfanje. Antes de irse le dijo a Hélène que se tragaría su sombrero si para su próxima visita ella y Jacques no estaban juntos. Pese a que volvía a su casa en vacaciones, para ella aquello fue una gran vuelta. Por primera vez en años entró al cuarto de su madre. El día siguiente se sentó con su padre a escuchar el discurso del rey a los 1139 representantes de los Estados Generales. Durante la vuelta le comentó a Élise que había tenido una reunión con el Conde de Mirabeau. Poco después tuvo lugar una ceremonia en el palacio con motivo de su introducción en la Orden. Más tarde, en la "Soirée privada", se sentía una mujer diferente. Y entonces le vio. Le llevó a una sala y hablaron un rato, incluso se besaron; por desgracia unos guardias no tardaron en golper la puerta y Arno se vio obligado a huir por la ventana. Ahora Élise necesitaba ganar tiempo, y la excusa de que se había perdido buscando la sala de billar sonaba creíble. Tras marearles un rato entraron, debían asegurarse de que no había nadie más en aquella sala. La cerraron y le ofrecieron acompañarla a la de billar. Durante el camino intentaba buscar una distracción para impedirlo, una distracción que no encontró hasta que escuchó un alarido: "Dios mío, han matado al señor De la Serre".

Después de la muerte de su padre

Antes de reencontrarse con Arno

Parecía como si Francia estuviera desplomándose ante sus ojos, aunque nada de lo que estaba sucediendo le importaba. Debería haberlo hecho, pero el caso es que no pudo dejar de lado sus problemas personales porque su padre estaba muerto y la pena había regresado a su vida. Había pasado muchos años siendo una decepción para él, y ahora que tenía la oportunidad de ser la hija que merecía se lo habían arrebatado. Las casas de Versalles y París habían caído en el descuido, reflejando el propio estado de su mente. Estaba viviendo en París y las cartas de Olivier (su mayordomo jefe en Versalles), llegaban dos veces por semana, cada vez más preocupantes. Aunque, por supuesto, tampoco le importaba. También recibió cartas del señor Weatherall en las que, entre otras cosas, preguntaba si había ido a ver a Arno a la Bastilla o si ha dado algún paso para demostrar su inocencia. Sabía que debía escribirle y decirle que no debido a la carta que encontró al regresar al despacho de su padre: una carta dirigida a él en la que "L" le aconsejaba estar en guardia y no confiar en nadie debido a que sus agentes habían descubierto la existencia de una conspiración en su contra. Le escribió una carta a Arno acusándole de ser responsable de la muerte de su padre, una carta en la que le decía que no quería volver a verlo pero que nunca envió.

Pese a que al señor Weatherall le resultaba doloroso caminar demasiado, una mañana se dirigieron de nuevo hacia la zona de la Maison Royale. Hablaron sobre Arno y la carta que debía haberle entregado a François. Cuando la preguntó cómo se sentía respondió que traicionada, ya que esa carta podría haber salvado a su padre. Tras leer la carta supusieron que "L" podría ser Chrétien Lafrenière. La recordó que ahora ella era la Gran Maestre, y como tal debía reunir a sus consejeros ya que apenas habría oposición si alguien más quisiese tomar el cargo; además de llevar luto por su padre debía salir ahí fuera y honrarle. El señor Weatherall la recomendó contactar con Lafrenière para comprobar si seguía siéndole leal a su familia, buscar un lugarteniente y pensar en ir a ver a Arno.

Unos días después recibió una carta en la que Jenny confesaba sentirse complacida por que las cartas de su hermano le hayan llegado al corazón. También la confiesa estar de acuerdo con ella en recelar de los planes de su padre para convertirle en un Templario y la advertía del problema que supondría que los Asesinos descubrieran a Arno. Finalmente la comunicaba que posee información de un alto cargo Asesino (Pierre Bellec) que está encarcelado en la Bastilla ha escrito para informar de un joven con grandes dotes de Asesino llamado "Arnaud".

Un gran alboroto sacudía París desde hacía tiempo, tanto es tal que habían llegado a amenazar al Conde de Mirabeau y se había creado la bandera tricolor. La milicia había tomado el Palacio de los Inválidos, no tenían pólvora pero podrían encontrarla en la Bastilla, justo hacia donde se dirigía Élise. Ante tal situación se preguntaba si ellos, los Templarios, podrían haberlo evitado. Y pese a que debería estar ayundando a los sirvientes a tapiar las ventanas de su propiedad, a pesar de odiar a Arno no podía quedarse de brazos cruzados mientras estuviera en peligro. Lo cierto es que, pese a ser la Gran Maestre y saber que Arno iba a ser encontrado por los Asesinos, no había hecho nada al respecto; sus sentimientos por él no habían cambiado, pero aun así quería encontrarle antes de que lo hiciera el populacho. Eventualmente llegó a la Bastilla, solo para darse cuenta de que ese sería el final de todo noble francés. Para cuando por fin pudo divisar a Arno resultó haber demasiado lejos y estar demasiado lejos, lo que supuso que no pudiera hacer nada salvo observar el salto de fe de Bellec y a Arno imitándolo; ahora era un Asesino. Se dio la vuelta y echó a correr, debía despedir al servicio lo antes posible para evitar que quedasen atrapados en medio del conflicto. Tales eran las revueltas que lo único que deseaba mientras volvía a su casa era que el servicio se hubiera marchado, ya no sólo por ellos sino para asegurarse de que nadie hubiese asaltado su propiedad. Le preocupaba especialmente su baúl ya que en su interior se encontraban, entre otras cosas, las cartas de Haytham y el collar que la había regalado Jenny. Al llegar se encontró al mayordomo esperando con una maleta; la casa había sido saqueada. Le aconsejó irse para que no le asociasen con la nobleza y, tras afirmar que ella entraría a la casa, este le advirtió del peligro que eso suponía puesto que los bandidos, borrachos como cubas, seguían dentro. Al entrar se encontró todo hecho un caos; por lo menos habían decidido que lo que sea que hubiera dentro del baúl no merecía la pena. Le sugirió a los borrachos que se levantasen y se fueran, pero en un abrir y cerrar de ojos se habían recuperado milagrosamente y estaban en pie. Los Carroll les habían contratado para matarla, no sin antes hacerla sufrir. La recompensa también era por un tal Frederick Weatherall y su doncella, Hélène. La ordenaron tirar la espada y pistola al suelo, eran conscientes de que no debían subestimarla por el hecho de ser joven. Mientras la inspeccionaban para asegurarse de que no ocultara ningún otro arma pudo encontrar una oportunidad. Consiguió acabar con el primero. Recuperó su pistola, que estaba cargada y lista, aunque también lo estaba la del segundo bandido; ambos se tenían a tiro, y entonces la puerta se abrió. Se trataba de Ruddock, que tras seis meses había vuelto con noticias. No sabía a ciencia cierta quién le había contratado hace años para matar a su madre, sólo que estaba asociado con el Rey de los Mendigos. La comentó que era un hombre que los Asesinos habían intentado matar, sin éxito alguno. Era consciente de que Ruddock pretendía volver a ser un Asesino, algo que se escapaba de su entendimiento; Asesinos y Tempalrios llevaban siglos peleando, ¿y para qué? Tras despedirle decidió prepararse por si volvían a intentar entrar, ya fueran saqueadores revolucionarios, agentes de los Carroll o un traidor de su propia Orden.

Menos de dos semanas más tarde irrumpieron en el patio. Les esperó pistola en mano, lista para recibirles, aunque para su sorpresa se trataba de Arno, un Arno que podría haber salvado a su padre y que ahora formaba parte de los Asesinos. Este trató de explicarle que su padre no era el hombre que pensaba, aunque ya era consciente de eso; ahora lo único que podía hacer era vengarle. Tras una breve conversación le mostró la carta dirigida a su padre el día que fue asesinado. Casi sintió pena por él al ver su rostro al darse cuenta de lo que había hecho. Momentos después le pidió que se fuera y procedió a abrir una botella de vino puesto que le ayudaba a dormir. Al despertarse el día siguiente se encontró al señor Weatherall junto a otro hombre que desconocía. Le dijo que era hora de ir con ellos, lo que rechazó ya que debía estar preparada para cuando ellos vinieran. Le explicó lo sucedido con los sicarios enviados por los Carrol. Le ordenó al otro hombre, Jean Burnel, que la ayudara a subir al carruaje. El joven acababa de ingresar en los Templarios, aunque le era leal al apellido De la Serre y podría ayudarles.

Tiempo después por fin se había recuperado. El señor Weatherall le explicó que había pasado por un desorden de nervios, aunque por suerte ya estaba lo suficientemente recuperada como para dejar la cama. Una mañana, mientras se dirigían a su lugar de costumbre, hablaron sobre el traidor que había dentro de la Orden. Le explicó que según Ruddock se tartaba de el Rey de los Mendigos, lo que le extrañó puesto que no formaba parte de la Orden. Sabían que a François no se le podía haber pasado eso, por lo que teorizaron que podría haberse unido después, como recompensa por haber llevado a cabo el asesinato. Es posible que hubiese sido contratado para matar a Julie y, tras fracasar, haya intentado dejar pasar un tiempo prudencial para poder demostrar su valía. Sin embargo, no tenía demasiado sentido. En cualquier caso, debía convocar una reunión extraordinaria y demostrar quién lleva las riendas de la Orden. El joven Jean podría encargarse de avisar a los miembros.

Meses más tarde se acercaba la fecha del Consejo. Se había invitado a los Cuervos (los que eran consejeros de su padre antes de que fuera asesinado), aunque ahora que iba a ser su Gran Maestre iba a tener que dejar de usar ese apodo. Once de los asociados y consejeros más cercanos a su padre habían sido convocados junto a los representantes de otras familias con altos cargos dentro de la Orden. Era la primera vez que se convocaba una reunión de ese tipo. Al llegar junto a Jean al Palacete de Lauzun fueron recubidos por el marqués de Pimôdan y su criado, aunque para su sorpresa no había nadie más; parecía que había habido una purga. Pimôdan afirmó que bajando la escalera había algunos documentos que debía revisar. Inmediatamente empujó a Jean y huyeron de aquel lugar. Mientras corrían les lanzaron desde arriba unos cordónes de los que se usaban para cerrar heridas, con la intención de asesinarlos a ambos. Puesto que el cuello de su abrigo hacía de tope ella se pudo salvar, aunque desgraciadamente ese no fue el caso de Jean. No tenía tiempo para nada salvo para correr de los sicarios que pretendían acabar con su vida. Tras asesinar a uno de los hombres echó a correr, llegó a un puente y se ocultó tras un muro. Fue entonces cuando escuhó un grito: "¡Un traidor! Un traidor a la revolución. No dejéis que la mujer del cabello rojo escape." En menos de un minuto el mensaje se había esparcido y una multitud de cabezas se volvían havia ella. Un poco más abajo pasaba una barcaza; cuando iba a saltar un ciudadano intentó agarrarla y su salto se convirtió en un movimiento evasivo que la desvió de su trayectoria. Cayó con tal fuerza que se quedó sin aire. Comprendió que el crujido que había escuchado era el de sus costillas al caer al río Sena. Una vez llegó a la orilla aprovechó la confusión creada por el viaje del rey a París para "liberar" un caballo y dirigirse a Versalles, cabalgando lo más inmóvil posible. Pero por muy mal que se encontrara, para cuando llegó lo único en lo que podía pensar era en que le había fallado a su padre.

Seis meses después por fin estaba completamente recuperada. En una conversación con el señor Weatherall este le comentó que, tal y como hubiera hecho François, había estado buscando apoyos, aunque sin mucho éxito. Ahora al parecer alguien se había autoproclamado Gran Maestre, algo que Élise se negaba a aceptar. En siete meses lo único que había descubierto era que la purga se había completado; algunos de sus antiguos aliados y amigos o bien habían cambiado de parecer, otros habían sido sobornados y los que opusieron más resistencia habían sido intimidados tras el asesinato del señor Le Fanu, a quien la lealtad al apellido De la Serre le había costado su vida, repuitación y honor. Su destreza con la espada ahora era más aguda y su puntería más precisa, por lo que pretendía irse del lugar ya que cada día que pasaba lo consieraba un día perdido. Una mañana el señor Weatherall y Jacques tardaron más de lo habitual en regresar del escondrijo de Châteaufort. Al parecer un pícaro de no más de diez años se había acercado a Jacques, quien se había quedado fuera del escondrijo puesto que estaba situado en una tienda de quesos y este odiaba el olor a queso, y le había preguntado por un hombre en muletas. En el escondrijo había una carta de Lafrenière en la que reafirmaba su lealtad y expresaba su deseo de encontrarse con ella con el fin de contarle la verdad sobre la muerte de su padre y los acontecimientos posteriores. El señor Weatherall estaba convencido de que esa carta no era de Lafrenière y se trataba de una trampa; si respondían sabrían su localziación. Es por ello que Élise le recordó su deseo de marcharse. Sabía que le rompería el corazón, pero puesto que se oponía a ello su única opción era escabullirse cuando todo el mundo durmiera. Tras encontrarse con Hélène saliendo del cuarto de Jacques, encontró alojamiento en una taberna que seguía abierta y la mañana siguiente se dirigió a París. Una vez allí se dirigió hacia lo que era su hogar y escribió una carta para Lafrenière en la que le pedía encontrarse con él en el Hôtel Voysin dos días después y la entregó en mano en la dirección que le había facilitado.

El día acordado se dirigió al lugar donde tendría lugar el encuentro. No podía evitar cuestionarse si la persona que apareciese sería Lafrenière o no; y en el caso de que lo fuera, ¿sería realmente un aliado? Claramente algo no iba bien, el señor Weatherall tenía razón. Se volvió para ver un hombre emerger de las sombras. Advirtió que no era Lafrenière al mismo tiempo que vio la hoja que se sacaba de la cintura. Posiblemente hubiera podido desenvainar a tiempo, aunque no importó puesto que fue asesinado por un tercer individuo que pareció surgir de ninguna parte. Su posible asesino cayó, mostrando detrás de él a un Arno muy diferente al que había conocido hasta entonces. Mientras le decía que no enviarían un solo asesino para matarla vio un hombre surgir por detrás suya y, sin pensarlo dos veces, dirparó por encima de su hombro, haciendo que el asesino cayera muerto sobre las piedras del patio. Mientras volvía a cargar el arma le preguntó por Lafrenière, a lo que contestó que estaba muerto con un tono de voz que no pasó inadvertido. Antes de que pudiera replicar se escuchó el sonido de una bala y Arno alargó el brazo para agarrarla. Pese a que una parte de ella aún le odiaba, se acordó de las palabras del señor Weatherall; a pesar de todo estaba allí por ella, así que se dejó llevar. Tras decirle que se lo explicaría más tarde echaron a correr hacia el laberinto que tenían justo delante. Habían llegado ya a la mitad cuando encontraron un nuevo sicario. Tras acabar con él se paró a contemplar la destreza de Arno con la espada; durante todos esos años en los que ella había estado aprendiendo a manejar la espada su mayor disciplina eran los problemas de álgebra, aunque la había alcanzado rápidamente. Consiguieron salir del laberinto y llegaron a un bulevar muy concurrido. Al ver que iba a desenvainar la espada Arno contuvo su mano, él se enfrentaría a los tres hombres que se acercaban. Antes de que se fuera la dijo que se reuniera con él el día siguiente a la hora del café, entonces le explicaría todo.

Después de reencontrarse con Arno

Tras pasar la noche en casa se dirigió a la plaza de los Vosgos, donde Arno la estaba esperando.. Había oído decir que debido a la revolución estaban retirando las estatuas para fundirlas, y allí estaba la prueba; la figura ecuestre de Luis XIII ya no estaba. Cuando se sentaron a tomar el café parecía que el hecho de que ella era una Templaria y él un Asesino no importaba. Arno la dijo que había visto al asesino de su padre, quien ahora la quería muerta a ella. Como le había dicho el señor Weatherall, ahora estaba sola; pese a que no confiaba en los Asesinos, aceptó la propuesta de Arno y dejó que la llevara con su Hermandad. Puesto que tenían un enemigo común el consejo debería entenderlo, además el hecho de que François confiara en Mirabeau jugaba a su favor. Cada vez estaban más cerca y lo único que la tranquilizaba era su confianza en Arno. Tras explicar que había venido a solicitar su ayuda debido a que tanto su padre como sus aliados dentro de la Orden estaban muertos. Tras la decisión de Mirabeau de seguir la discusión en privado salieron de allí. Mientras caminaban Arno mencionó a François-Thomas Germain, algo que le sorprendió bastante a Élise puesto que en teoría estaba muerto. Se apresuraron hacia el lugar donde estaban los talleres con la intención de encontrar algo que confirmara que ese aparentemente inicente platero era en realidad la persona que había matado a su padre y que ahora intentaba destruir el resto de aspectos de su vida. Se dirigieron a la planta superior, donde cuatro hombres les tendieron una trampa. Tras acabar con ellos reanudaron la búsqueda en el taller, sin mucha suerte porque aparentemente no había nada; tras derribar una puerta que estaba cerrada dieron con lo que era claramente un lugar de reunión de Templarios. Había varios documentos que parecían estar fuera de lugar. Uno de ellos era un conjunto de órdenes firmado por Germain; estaba claro que él era Gran Maestre. Se escuchó reuido de disparos, seguido del de las ventanas del lugar rompiéndose tras ser atravesadas por las balas de mosuqete. Arno le dijo que él se encargaría de eso, ella debía ir a contarle a Mirabeau lo sucedido. Cuando llegó a su mansión descubrió que este había sido asesinado. Un poco más tarde llegó Arno, quien sugirió informar al consejo. No obstante, no podían hacer eso puesto que Élise sería la única sospechosa. Encontraron el arma que fue usada para matar a François, descubriendo así que Mirabeau había sido envenenado. Arno había descubierto a través de un boticario que el veneno había sido adquirido por un hombre que vestía la túnica de los asesinos, y tras seguir una serie de pistas llegaron a Sainte-Chapelle. Allí se enfrentó a Bellec, quien había asesinado a Mirabeau porque pretendía reconstruir la Hermandad. Este fue asesinado por Arno tras intentar matar a Élise, quien se encontraba detrás de una verja. Finalmente le comentó las visiones que había tenido tras matarle; mientras que en la primera Bellec le salvaba la vida a Charles Dorian, en la segunda envenenaba a Mirabeau.

Un tiempo más tarde Arno le contó que gracias a sus visiones sabía quién había matado a su padre. Tal y como se temía, había sido el Rey de los Mendigos; lo que no se esperaba es que había sido ayudado por un Cuervo, Charles Gabriel Sivert. Le molestó bastante que les hubiera matado, sentía que le heabía arrebatado su venganza, aunque se calmó cuando Arno la explicó que había hecho justicia, tenía una oportunidad y la aprovechó. Sin embargo, quería que le dejase Germain a ella. Después de aquello no volvieron a verse hasta que Arno encontró información y consiguió que saliera de la isla de San Luis. Fueron en busca de Marie Lévesque, a quien Arno asesinó. La aventura continuó con un inesperado viaje en globo de aire caliente de los señores Montgolfier.

Había pasado más de un año desde lo sucedido con Mirabeau y Bellec. Se dirigió a su hogar de la infancia, en Versalles; todo estaba patas arriba, aunque por desgracia es algo que se veía a menudo. Salió a la terraza y vislumbró al señor Weatherall a unos doscientos metros. Hablaron sobre lo que había descubierto mientras estaba en París. También le contó que el día siguiente sería la ejecición del rey y Arno había descubierto que Germain estaría allí. El señor Weatherall la preguntó que qué era más importante para ella, la venganza o la Orden, a lo que contestó diciendo que una vez consiguiera lo primero lo demás recuperará su lugar. Conseguir apoyo iba a ser difícil, el señor Weatherall no había conseguido encontrar a nadie que apoyara la causa, aunque Élise tenía en mente forjar una alianza con los Asesinos. Esto, sin embargo, es algo que nunca iba a suceder según el señor Weatherall; cualquier tregua que François de la Serre negociara sería temporal; nunca habría paz pese a lo que Haytham Kenway afirmara en sus cartas. El día siguiente se dirigió a la plaza de la Concordia, el lugar donde el rey sería ejecutado. Encontró a Germain en una plataforma, rodeado por sus hombres y con las prendas de Gran Maestre con las que solía ver a su padre. Arno, sin embargo, había conseguido situarse más cerca de la plataforma. Mientras ella intentaba acercarse sin que la reconocieran Arno y Germain comenzaron a hablar. Cuando acabaron Germain se alejó, no sin antes ordenar que mataran a Arno. Tras salvarle se encargaron de los guardias; fue entonces cuando pudo ver a Germain dirigiéndose hacia un carruaje con la intención de escapar del lugar. Ella no llegaba, pero Arno sí. Este se negó a ir, no iba a dejarla ahí para que muriera; lo que no sabía es que tenía una vía de escape. Intentó seguir el carruaje, sin mucho éxito. Habiendo abandonado el lugar donde tenía lugar la ejecución, enfurecida, se enfrentó a Arno. Había dejado pasar lo que seguramente fuera la única oportunidad que iban a tener para matar a Germain. Quizás su lealtad a su padre no era tan grande como decía.

Meses después se enteró por el señor Weatherall de que Arno había sido apartado, algo que no le importó demasiado puesto que seguía enfadada con él. Este afirmó que Arno llevaba razón y sugirió negociar con la Orden en lugar de hacer las paces con los Asesinos. Naturalmente, Élise se negó rotundamente. No pretendía hacer las paces con aquellos que habían matado a su padre, era consciente de que llevaría tiempo pero quería su venganza sin importar las consecuencias. Decidió que el señor Weatherall dejaría de ser su consejero, podía considerarse despedido. Se dirigió a Versalles para encontrarse con Arno, quien no se había tomado bien su expulsión y se había ganado una fama de borracho. Tras una breve conversación le dijo que se marchaba a París. Él iría también, aunque primero debía encargarse de La Touche. Cuanto más esperasen más posible era que Germain se les escapase de las manos, aunque llevaba meses sometiendo a Versalles y debía haber hecho algo hace mucho tiempo. Mientras tanto Élise se encargó de organizar el transporte que les llevaría el día siguiente a París. Durante el camino Arno le contó que la única pista que tenían para encontrar a Germain era un nombre: Robespierre. Le habló también sobre sus visiones, explicando así por qué sabía que debían ir a por él. Las calles de París estaban llenas de gente que celebraba el Festival del Ser Supremo. La Guardia Nacional hacía inaccesible a Robespierre, aunque por suerte había perdido popularidad; si conseguían desacreditarle perdería su poder. Arno había conseguido colarse en su tienda, donde encontró una carta que demostraba su relación con Germain y una lista de nombres, todos ellos diputados de la Convención Nacional opuestos a él. Ella se encargó de drogar el vino de Robepierre y Arno se había asugurado de que la lista captara la atención de algunos de sus críticos.

Habían pasado casi dos meses después cuando se enteraron de que Robespierre había sido arrestado. Escucharon un gemido procedente de un guardia con el pecho manchado de sangre; Arno consiguió detener la hemorragia y le preguntó qué había sucedido. Aparantemente las tropas de la Comuna de París les habían atacado y se habían llevado a Robespierre, junto al resto de prisioneros. Les indicó por dónde se habáin ido y por suerte consiguieron alcanzarle en el Ayuntamiento. Tras negarse a decir dónde se encontraba Germain le disparó y le dijo que lo escribiera. Se encontraba en el Temple, lugar en el que moriría debido a la explosión causada por la inestabilidad de la espada del Edén que usaba Germain.

Sus cartas

"Por los viejos tiempos"

París

23 de septiembre de 1788

Querido Arno:

Nunca pensé que me pudiera aburrir tanto en París. ¿Te lo puedes creer? Es la mejor ciudad del mundo y aquí estoy yo, atrapada bajo el peso de interminables lecturas desde el amanecer hasta el atardecer. Es peor que aquel invierno que pasamos en Estrasburgo. ¿Lo recuerdas? Nevó durante una semana seguida y no pudimos ni salir de la casa. ¡Y todos los libros de la biblioteca estaban en alemán! Convencimos al cocinero de que la casa estaba encantada por un joven príncipe franco, y el pobre hombre no salía de su cocina sin su rosario en una mano y una Biblia en la otra.

Añoro aquellos días. Lo que me enseñan los amigos de mi padre es... bueno, ojalá te pudiese hablar del tema. Puede que algún día, pero ahora no. Así, no. Pero sigo añorando aquellos días. Añoro mi hogar. Te añoro a ti. Convence a mi padre para que te traiga con él la próxima vez que venga a París.

Siempre tuya,

Élise

"Reunión"

Querido Arno:

Confieso no saber qué decir. "Me alegro de haberte visto" suena un tanto vacío, no consigue transmitir la totalidad de mis sentimientos. Y pese a todo, me alegro... Me alegro de que los Asesinos no te hayan cambiado completamente. Supongo que no debería sorprenderme, ya que nunca fuiste fácil de intimidar.

Parece que ambos estamos en un punto muerto en la búsqueda del asesino de mi padre. Es posible que, si unimos nuestras fuerzas, podamos conseguir lo que ninguno hubiese podido obtener en solitario. Me alegra pensar que, después de tanto tiempo, todavía trabajamos mejor en equipo que separados.

Con cariño,

Élise

"La Hermandad"

Oh, Arno. ¿Qué has hecho? Sé que nuestra despedida fue difícil, pero ¿a qué viene lo de unirse a los Asesinos? Mi padre te mantuvo alejado de ellos por un motivo. Su credo es como el vino: es dulce al primer contacto y, con moderación ayuda a que la vida sea más llevadera. Pero si bebes demasiada todo cuanto encuentras es locura y anarquía.

Seguro que ya te habrán llenado la cabeza con historias sobre lo malvados que somos los templarios, que esclavizaríamos toda la humanidad y ahogaríamos al mundo. Has conocido a mi padre y me conoces a mí... Solo puedo rezar para que baste con eso para demostrar la falsedad de esas historias. Mi Orden se ha vuelto contra mí y me persiguen aquellos a los que antes llamaba amigos. No soportaría que tú también lo hicieras.

Piensa en mí y cuídate,

Élise

"El futuro"

Querido Arno:

Me cuesta asimilar cuánto han cambiado las cosas en los últimos tres años. Lo lejos que están nuestros caminos... aunque muchas veces temí que se separarían para siempre, o que acabaríamos en una historia cargada de clichés. Pero estamos en un terreno neutro, no somos ni desconocidos, ni los mismos niños descarados de antaño.

Cuando todo esto acabe, cuando Germain yazca muerto a nuestros pies y mi padre pueda descansar, ¿qué será de nosotros? ¿Seremos mentor de Asesinos y Gran Maestre templaria? ¿Seguiremos con nuestras antiguas vidas o empezaremos algo nuevo? ¿Daremos forma al futuro de nuestro mundo o nos retiraremos al campo a criar cabras? Te puedo imaginar como cabrero... saltando por los Alpes. Ninguna cabra conseguiría escaparse de ti.

No sé qué nos depararán los próximos días, meses o años. Tan solo sé que debemos seguir siendo Arno y Élise. Me doy por satisfecha con eso.

Je t'aime,

Élise

"El precio"

Mi amor:

Escribo esto mientras duermes. Si la luz te despierta, tendré muchas explicaciones que darte. Pero de momento, duermes plácidamente. Parece ser que mañana es el gran día: la culminación de cinco largos años, el momento de nuestra venganza. ¿Por qué no puedo acallar a esa parte de mí que teme que, en el momento clave, te entren las dudas?

¿Acaso temo que amases a mi padre menos que yo? ¿Acaso dudo de tu decisión para asestar el golpe definitivo? No lo creo. Más bien, temo que ya hayas perdido demasiado y que no puedas soportar otra pérdida. Creo que permitirías que Germain conquistase Francia si creyeses que eso me "salvaría".

¿Alguna vez te he dicho que necesitara ser salvada? ¿Acaso crees que aceptaría algo así si me lo ofrecieras? Mi destino es mío y solo mío. Yo tomo mis propias decisiones.

Si finalmente ambos salimos vivos de todo esto, quemaré esta carta. Si la estás leyendo es porque he tomado mi decisión en el Temple. Que sepas que lo hice encantada, no te sientas culpable. Sé feliz, mi amor, y sigue el camino que desees.

Con todo mi amor,

Élise

"Para ser abierta en caso de mi muerte"

Ruddock:

Disculpe la falta de formalidades pero me temo que he reconciliado mis sentimientos hacia usted, y son estos: usted no me gusta. Lamento decirlo, y supongo que le parecerá un tanto grosera mi forma de anunciarlo, pero si está leyendo esto o bien ha ignorado mis instrucciones o es que estoy muerta, por lo que en cualquiera de los casos ninguno de nosotros necesitará preocuparse por cuestiones de etiqueta.

Ahora, a pesar de mis sentimientos hacia usted, debo admitir que aprecio sus intentos de hacerse recompensar por sus acciones, y su lealtad me ha conmovido. Es por esa razón por la que le ruego que muestre esta carta a mi amado Arno Dorian, que precisamente es un Asesino, confiando en que la reciba como mi testimonio de su cambio de actitud. Sin embargo, y como dudo mucho que la palabra de una Templaria fallecida sea suficiente para congraciarle con la Hermandad, tengo algo más para usted.

Arno, te pediría que entregaras las cartas que estoy a punto de mencionar al señor Ruddock a fin de que pueda utilizarlas para ganarse el favor de los Asesinos y así cumplir su deseo de ser aceptado de nuevo en el credo. El señor Ruddock sabrá comprender que este encargo ilustra mi confianza en él y mi esperanza en que la tarea sea cumplida más pronto que tarde, y por esta razón no requerirá ningún tipo de seguimiento.

Arno, el destinatario del resto de esta carta eres tú. Confío en poder regresar viva de mi enfrentamiento con Germain y recuperar esta carta de Ruddock, romperla y no volver a pensar en su contenido. Pero si la estás leyendo, eso significa en primer lugar que mi confianza en Ruddock ha sido recompensada y, en segundo lugar, que estoy muerta.

Hay muchas cosas que me gustaría decirte desde la tumba, y para este fin te remito a mis diarios, los más recientes los encontrarás en mi bolsa, y los anteriores guardados en un escondite con las cartas de las que te he hablado. Si cuando inspecciones el baúl, llegas a la penosa conclusión de que no he conservado las cartas que me enviaste, por favor, debes saber que la razón de ello se encuentra en las páginas de mi diario. También encontrarás un collar con el que me obsequió Jennifer Scott.

* La siguiente página faltaba.

…ahora, por supuesto, estaré yaciendo en el Cementerio de los Inocentes con mis padres, mis seres queridos.

Aunque a quien más amo de todos es a ti, Arno. Espero que comprendas lo mucho que te quiero. Y espero que tú también me ames. Y te doy las gracias por permitirme el honor de conocer un sentimiento tan pleno.

Tu amada,

Élise

Su última carta

Queridísimo Arno:

Si estás leyendo esto, o bien mi confianza en Ruddock ha estado justificada, o su avaricia ha prevalecido. En cualquier caso, tienes mis diarios.

Confío en que tras haberlos leído me hayas entendido un poco más y veas con mejores ojos las elecciones que hice. Confío en que ahora sepas que compartía tus esperanzas de una tregua entre Asesinos y Templarios, y que para ese fin tengo una última petición que hacerte, mi amor. Te pido que lleves estos principios de vuelta a tus hermanos de credo y trates de predicar en su favor. Y cuando te digan que tus ideas son caprichosas e ingenuas, les recuerdes, como tú y yo demostramos, que las diferencias de doctrina pueden superarse.

Por favor, haz esto por mí, Arno. Y piensa en mí. Al igual que yo pensaré en ti hasta que volvamos a reunimos.

Tu amada,

Élise

Entradas de su diario

  • 09 de abril de 1778
  • 10 de abril de 1778
  • 11 de abril de 1778
  • 12 de abril de 1778
  • 14 de abril de 1778
  • 15 de abril de 1778
  • 18 de abril de 1778
  • 08 de septiembre de 1787
  • 08 de enero de 1788
  • 21 de enero de 1788
  • 23 de enero de 1788
  • 25 de enero de 1788
  • 07 de febrero de 1788
  • 08 de febrero de 1788
  • 11 de febrero de 1788
  • 20 de marzo de 1788
  • 02 de abril de 1788
  • 06 de abril de 1788
  • 09 de abril de 1788
  • 10 de abril de 1788
  • 02 de mayo de 1788
  • 06 de diciembre de 1788
  • 12 de enero de 1789
  • 14 de enero de 1789
  • 04 de mayo de 1789
  • 05 de mayo de 1789
  • 01 de julio de 1789
  • 04 de julio de 1789
  • 08 de julio de 1789
  • 14 de julio de 1789
  • 23 de julio de 1789
  • 20 de agosto de 1789
  • 05 de octubre de 1789
  • 25 de abril de 1790
  • 16 de noviembre de 1790
  • 12 de enero de 1791
  • 26 de marzo de 1791
  • 27 de marzo de 1791
  • 29 de marzo de 1791
  • 01 de abril de 1791
  • 02 de abril de 1791
  • 20 de enero de 1793
  • 21 de enero de 1793
  • 10 de noviembre de 1793
  • 02 de abril de 1794
  • 03 de abril de 1794
  • 08 de junio de 1794
  • 27 de julio de 1794

Curiosidades

  • De pequeña prefería jugar con los chicos y sus soldaditos que con las chicas y las muñecas; incluso entonces le parecía estúpido fingir que le daban té a una muñeca.
  • Tras el intento de asesinato por parte de Bernard Ruddock a su madre, Élise describió el aspecto del atacante como el de un médico dandi venido a menos.
  • Al igual que su padre, era diestra con la espada.
  • Su madre la enseñó que no debía importarle lo que la gente hablaba de ella, algo que le sería muy útil tras su viaje a Inglaterra.
  • Pese a que tenía la misma edad que Arno, Élise siempre tuvo el rol de hermana mayor.
  • En cuanto a la forma de ser, Hélène era todo lo contrario a ella.
  • Creía firmemente que Jennifer Scott y su madre se hubieran llevado bien.
  • Mientras el señor Weatherall y ella huían de los Carroll en barco se los imaginaba entre la multitud y les hizo un corte de manga, sin saber que eso solo era una grosería en Francia.
  • Tuvo un caballo al que llamó Scratch en honor al perro que tuvo cuando era pequeña.
  • En la primera memoria de la secuencia 11 de Assassin's Creed: Unity podemos observar que encuentra a Arno en el patio de mármol del Palacio de Versalles y le devuelve el reloj de su padre, aunque en Assassin's Creed: Unity (novela) no solo no se menciona nada del reloj sino que le encuentra en el despacho de su padre en Versalles.
  • Se arrepintió de acabar con el señor Weatherall en tan malos términos.
  • No le gustaba estar sola puesto que era consciente de que le acababa dando demasiadas vueltas a las cosas.
  • Era consciente de que disparar a Robespierre fue algo horrible y demostraba que había llegado a su límite, había llegado lo suficientemente lejos como para no poder detenerse.
  • Sabía que se había saltado las advertencias tanto del señor Weatherall como de sus padres y la única solución posible era acabar con el problema. Al final de su diario compara su estado mental con una infección y afirma que la única solución es cortarla de cuajo y esperar sobrevivir la operación.
  • Pese a que la forma correcta de escribir su apellido es "de la Serre", en Assassin's Creed: Unity y Assassin's Creed: Unity (novela) está escrito "De La Serre". También se puede apreciar que en alguna ocasión en vez de "Élise" pone "Elise".
  • No se sabe con exactitud cuándo nació. En Assassin's Creed: Unity (novela) se menciona que en otoño acaba de cumplir años, lo que nos hace pensar que nació el 17 de noviembre ya que en Francia es "Saint Élise".
  • Se menciona varias veces en la novela que llevaba un Tricornio, aunque en Assassin's Creed: Unity no aparece.
  • Pese a que en la novela se afirma que Élise ve a Arno hacer el salto de fe desde la Bastilla, si en el juego consigues salir de allí antes de acabar la misión no se la puede ver por ningún lado.
  • En el jardín de su casa de Versalles podemos encontrar dos lápidas, una suya y otra que comparten sus padres. Curiosamente no se puede encontrar ninguna de las dos hasta el final del juego, lo que nos hace pensar que fueron colocadas por Arno para conmemorarles puesto que los tres fueron enterrados en el Cementerio de los Inocentes.
  • En Assassin's Creed: Syndicate no solo podemos desbloquear su atuendo para Evie, sino que en una de las primeras escenas del presente podemos observar un cuadro con su retrato. No se trata del original ya que, a diferencia del de Assassin's Creed: Unity, este es rectangular.
  • Durante la etapa de desarrollo de Assassin's Creed: Unity frecuentemente se debatía si el final debía ser feliz o trágico (y si se debía matar a Élise o Arno o no), de hecho se contempló la idea de terminar el juego con Napoleón muriendo a manos de Élise y Arno.
  • En el DLC Reyes Muertos originalmente Arno iba a ver varias veces a quién él pensaba que Élise y la seguiría para intentar traerla de vuelta; al final del DLC había una escena que fue cortada en la que aparecían él y la Élise que había estado siguiendo. Esto supone que la Élise que vemos en el tercer recuerdo del DLC no es más que una alucinación, lo que explica no sólo que tenga su atuendo sino que sus animaciones y peinado sean iguales a los de la Élise original.

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